En una oportunidad participé como oyente en un
grupo de iglesia en casa que se realizaba precisamente en casa de mi familia.
Luego de oír la palabra de Dios, como de costumbre recogieron la ofrenda. Yo
aún no había aceptado al Señor en mi corazón y recuerdo que tenía cincuenta
bolívares en un sólo billete. Por alguna razón me sentí obligado a dar, pero
ese era el pasaje del día siguiente para ir a trabajar. Me puse mal humorado, y
por mi mente no pasó el pedir cambio para quedarme con parte del dinero, sino
que disimulando muy bien mi molestia lo arrugué con rabia y lo tiré en la
pequeña cesta. Más tarde en mi cuarto, no dejaba de pensar como llegaría
al trabajo al día siguiente, y me agredía diciéndome a mí mismo, tonto.
Mientras acomodaba la ropa y la cama, toque una pequeña protuberancia en el
bolsillo de una camisa. Eran treinta bolívares arrugaditos como recién lavados,
los tomé y me sentí algo aliviado. De pronto debajo del colchón cayeron veinte
bolívares más! En ese momento sentí un fuerte escalofrío en mi cuerpo y una voz
que me dijo:"toma tu dinero, yo no necesito de él".
El mensaje estaba claro! Casi no pude dormir esa
noche. Pero Dios me dio una gran lección, que jamás he olvidado.
Pude recordar ese momento mientras leía una porción del Salmo 50 "Si tuviera hambre, no te lo diría a ti, porque mío es el mundo entero y todo lo que hay en él. ¿Acaso me alimento de carne de toro? ¿Acaso bebo sangre de cabra? Haz que la gratitud sea tu sacrificio a Dios y cumple los votos que le has hecho al Altísimo. "
Salmos 50:12-14
Pude recordar ese momento mientras leía una porción del Salmo 50 "Si tuviera hambre, no te lo diría a ti, porque mío es el mundo entero y todo lo que hay en él. ¿Acaso me alimento de carne de toro? ¿Acaso bebo sangre de cabra? Haz que la gratitud sea tu sacrificio a Dios y cumple los votos que le has hecho al Altísimo. "
Salmos 50:12-14
Creo que si algo le agrada a Dios, después de la
Fe en él, es la gratitud y la obediencia. Dar gracias en las buenas y en las
menos buenas, y además cumplir lo que le prometemos, es decir obedecer. Si
Jesucristo es nuestro amigo y somos amigos de él, hagamos lo que nos dice.
Es común rechazar a Jesucristo, a Dios, cuando
nos hablan de ofrendar. Sobre todo cuando somos nuevos o cuando aún no hemos
madurado el mensaje, pues la palabra de ofrenda no ha sido revelada
en el espíritu. Es común relacionar siempre la ofrenda con dinero,
otros la vinculan con sacrificios, pero no hay mayor sacrificio de ofrenda que
la sangre derramada por el hijo de Dios, Jesucristo.
El dinero no debe ser un motivo para separarnos
de Dios por ninguna circunstancia. Dios nos da de lo que tiene, promete proveer
sin limitaciones. Su Amor es inagotable y de él proviene el poder que tenemos
para hacer riquezas. El es el dueño del oro y de la plata. El es el Rey,
entonces: Al Cesar lo que es de Cesar y a Dios lo que es de Dios. El problema
amigo mío, no es el dinero, sino el valor y el lugar que le has dado al dinero,
en tu vida. Te lo digo así, el primer mandamiento dice: Ama a Dios por
sobre todas las cosas...pero prácticas, Amar a las cosas por encima de Dios.
El problema es que ponemos las creaciones por encima de su creador que es
Dios. Dios sabe perfectamente estas cosas y por ello nos exige perfecta madurez
para que sepamos administrar sus bendiciones. Es absurdo pensar que un Padre le confiará algo muy importante a un hijo que aún no está preparado para manejar ese algo.
Ahora, cuando amamos al dinero, no importa la
cantidad que sea, lo convertimos en un dios y en él ponemos toda nuestra confianza.
Este dios, es temporal y ficticio, su poder es predeciblemente limitado y, como
el humo, se desintegra en el tempo.
Imagina el siguiente cuadro: un papá que da dinero para la universidad del hijo, y un día el papá sabiendo que el hijo aún tiene en mano parte de lo que él le da, le pide para abastecer combustible, pero el hijo se niega o si lo hace, le dice al papá, de mala gana: ok., acá tienes, pero te recuerdo, papá, que me los debes pagar pronto!.
No les parece absurdo, además de insensato? Absolutamente!
Imagina el siguiente cuadro: un papá que da dinero para la universidad del hijo, y un día el papá sabiendo que el hijo aún tiene en mano parte de lo que él le da, le pide para abastecer combustible, pero el hijo se niega o si lo hace, le dice al papá, de mala gana: ok., acá tienes, pero te recuerdo, papá, que me los debes pagar pronto!.
No les parece absurdo, además de insensato? Absolutamente!
Así pues ocurre con muchas personas cuando están
en medio de una petición de ofrenda.
Dios desea que voluntariamente demos de lo que dispongamos en nuestro corazón. No por necesidad ni con tristeza! Sino con alegría!
Hay personas que defienden la teoría de que el dinero hace la felicidad, por eso despojarse de él, en las cantidades que sean les resulta difícil y perturbador, ya que ello significaría perder parte de la felicidad que tienen, y en consecuencia ese acto de dar les roba la paz. Esta paz, fundamentada en lo material, nada tiene que ver con la paz que Jesucristo promete en su palabra.
Dios desea que voluntariamente demos de lo que dispongamos en nuestro corazón. No por necesidad ni con tristeza! Sino con alegría!
Hay personas que defienden la teoría de que el dinero hace la felicidad, por eso despojarse de él, en las cantidades que sean les resulta difícil y perturbador, ya que ello significaría perder parte de la felicidad que tienen, y en consecuencia ese acto de dar les roba la paz. Esta paz, fundamentada en lo material, nada tiene que ver con la paz que Jesucristo promete en su palabra.
La tristeza al dar, refleja un despecho profundo
en el corazón del dador, por la separación de su gran amor, el dinero. La
gente capaz de producir dinero ya es feliz antes de producir dinero, su
felicidad no la determina el dinero sino que su felicidad lo inspira para ser
un ser productivo y generoso. El dador triste se caracteriza por ser egoísta y
tacaño.
El amor al dinero es la raíz de todos los males.
Cuántas atrocidades no se han cometido por causa de la avaricia?
Ofrendar, aparte de que es una manera de adorar y
honrar a Dios, es un ejercicio efectivo para fortalecer los músculos de la
generosidad y perder kilos de apego a lo material. Es una asignatura cuyo
objetivo es enseñarnos a mantener y conservar nuestra paz; sin embargo, al
agradecer a Dios, le hace sentir alegre. Pregúntate, ¿Cómo te sientes cuando
alguien te agradece, por algo que hayas hecho a ese alguien, sin cobrar nada a
cambio?
El dinero ayuda a construir una estructura, pero
nunca debe ser el fundamento de ella. La generosidad, la ofrenda y el dar,
abren paso a oportunidades, incluso, jamás esperadas. Agradecer, por estas oportunidades,
es la adoración más hermosa que podemos dar a Dios. Cuando agradecemos,
manifestamos que, de no ser por él, por su amor inagotable, por su gracia, por
su misericordia, por su ayuda; no seríamos, ni alcanzaríamos nada. Agradecer
manifiesta nuestro reconocimiento de dependencia del único que todo lo puede,
Rey y Señor de Señores.
Como hijos biológicos maduros, deberíamos honrar
siempre a nuestros padres y disfrutar de la promesa por ello; sin embargo hay
quienes no lo hacen, por lo tanto es evidente qué si no lo hacen con el papá o
con la mamá que ven, qué puede esperar Dios si él no es visible?
Desde muy joven fui practicante enfermizo de las
apuestas, capaz de perder todo el salario de un mes en menos de una hora, capaz
de perder varios semestres universitarios por no dejar de ir a un hipódromo,
capaz de endeudarme por jugar loterías y cualquier juego de invite y azar. Pero
no fue sino hasta que comencé a asistir a la iglesia a oír palabra de Dios,
cuando comencé a administrar el fruto de mis esfuerzos con sabiduría.
Cómo negarle a Dios tan poco, por lo mucho que me ha enseñado y he puesto en
práctica? Eso no tiene precio!
A Dios no le asombra ningún "sacrificio
humano", ya sea de tiempo, económico, obra social, hazaña política,
o religiosa. El Señor sólo te pide que le ames, que le adores en espíritu y en
verdad. Que confíes en El y creas en su palabra.
La prosperidad, no es algo que debemos pedir o
esperar desde afuera, ella está dentro de cada uno, desde el momento se haber
sido creados, porque nadie hubiere sacrificado a su hijo por salvar a alguien
que carece de valor. Así que la prosperidad o bienestar espiritual yace en
nuestro espíritu desde el momento que nuestros ojos espirituales se abrieron y
en nuestro corazón creímos que Jesucristo es el Señor de nuestras vidas.
Creer que Dios es un dios que
quiere hacernos la vida molestosa, frente al cual, podemos disfrazar nuestro corazón
y ocultar nuestras intenciones y, peor aún, creer que no se da cuenta de los
desplantes e indiferencias que le hacemos, nos restará paz y bienestar, pero dice
su palabra que, “el dar gracias es un
sacrificio que verdaderamente me honra; si permanecen en mi camino, les
daré a conocer la salvación de Dios”. (Salmo 50:23)
Pedro Reyes
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