Hebreos 5:11-14 “Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de
explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. Porque debiendo ser ya maestros, después
de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los
primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que
tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que
participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que
han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados
en el discernimiento del bien y del mal.”
La fe viene por el oír la
palabra de Dios, pero si somos lentos,
tardos o indiferentes con la palabra al no congregarnos y no ir al grupo de
familia; y no leer la palabra, corremos el riesgo de volvernos inexpertos.
Perdemos la fuerza y la pasión por inspirar e influir en otras personas o de
ganar almas. La desnutrición espiritual comienza a restar fuerzas, al punto de
debilitarnos en la fe tanto que la apatía se apodera de nuestras vidas, y por
consiguiente nos separamos del camino, la verdad y la vida.
Debemos ser diligentes en cuanto a las cosas que nos edifican. Movernos con rapidez en cuanto a todo lo que sume a nuestras vidas. En nuestro entorno tenemos cosas que restan o aportan a nuestra formación personal o profesional, pero debemos discernir, debemos ser sabios para decidirnos por aquello que nos permita avanzar hacia una calidad humana íntegra. Debo tener el valor para rechazar todo aquello que no es bueno, ni agradable a mi visión como persona.
Mi carácter debe ser alimentado y fortalecido por hábitos maravillosos y actitudes poderosamente positivas. Nuestro carácter es reflejo de nuestra madurez, la manera como enfrentamos una circunstancia dice de nuestra formación y necesidad o no de continuar en el proceso de inducción y preparación. Mi actitud dice si aun estoy gateando o si ya me he levantado para caminar solo. Mi actitud dice si además de caminar solo puedo en determinados momentos correr a gran velocidad sin tropezar y caer, y si es el caso, tener el valor de levantarme y seguir.
Es de gran importancia y humildad, reconocer cuando no somos capaces de controlar o manejar una situación; ó solicitar un poco más de preparación o estudio. Nuestra responsabilidad y diligencia, primeramente con nosotros mismos, garantiza, en gran manera, resultados satisfactorios en todo lo que emprendamos en la vida. Pedir ayuda, pedir consejos, dejarse ayudar, son muestras de crecimiento unívoco. De lo contrario nos alejaríamos indolentemente del éxito.
Lic.Pedro Reyes





