Una conciencia limpia es una conciencia bien alimentada, pero sobre todo, bien cuidada y conservada, requiriendo para ello, constancia, disciplina y preparación.
La conciencia es el conocimiento reflexivo de las cosas, del bien y del mal. Es esa alarma del ser humano que enciende el deseo de portarnos bien en todo, a pesar, incluso, de las injusticias. La conciencia es ese eslabón de la sabiduría que nos ayuda adiscernir entre lo bueno y lo malo. Sin embargo, debo aclarar, que nadie como Dios para permitirnos, por su misericordia y gracia, comprender, desentrañar ó descifrar qué es bueno y qué es malo, sobre todo cuando se trata de reconocer los que habitan dentro de nosotros y conocemos y aún los que no. " ¿Quién puede discernir sus propios a errores? Líbrame de los que me son ocultos."Salmos 19:12
Las escrituras, dice la Biblia, son el alimento ideal para nutrir ese conocimiento. Ese deseo de mantenernos caminando en rectitud.
Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto. 2 Timoteo 3:16 NTV
Esta escritura confirma lo importante de leer la palabra de Dios. No sólo nos será necesaria en el día malo y en momentos de tentación, sino que nos ayudats, sin duda, a tomar mejores decisiones. Nos permitirá a estar firmes, a pesar de las presiones del sistema secular o del mundo.
Como hijos de Dios, como hombres y mujeres que hemos creído en Jesucristo como nuestro Salvador y Señor, debemos estar alertas para proteger, salvaguardar, defender y mantener nuestra conciencia libre de impurezas. Que no tengamos temor de levantar nuestra voz para hablar de Jesucristo, predicar las buenas nuevas de Salvación con seguridad y denuedo, convencidos que el enemigo no nos avergonzará porque no tendrá argumentos en nuestra contra para calumniarnos. Al contrario una conciencia limpia avergüenza a los que murmuran.
Evitemos, en todo momento, dar oportunidad a los que no creen en Jesús, para que nos censuren. Evitemos que nuestras decisiones y acciones, contaminen la conciencia débil de nuevos creyentes. Cuidemos de hacer tropezar a aquellos que son vulnerables a tropezar porque aún don débiles en la Fe. Un nuevo creyente muy pocos sabe de la palabra de Dios y poco entiende, así que, nuestro conocimiento de la verdad debe ser administrado con excelente amor, ya que, de hecho, la buena conciencia es una fuente de Amor. Cuidemos, pués, de andar dignamente para no crear juicios para si mismos.
Que importante es tener una conciencia limpia, tanto así que es un requisito indispensable para servir a Dios. Esta conciencia respalda todo lo que hagas para el Señor, ya que te indicará si estás o no haciendo algo correcto o incorrecto. La conciencia en si misma, nos enseña que hemos de hacer para agradar a Dios, pero cuando no le obedecemos nos acusa; por consiguiente nos atrae hacia Dios o nos lleva hacia El para corregirnos. Una conciencia limpia no necesariamente nos justifica ni demuestra que tengamos la razón pero si nos recomienda muy bien a causa de nuestro buen testimonio.
Cuando nuestra conciencia esta limpia, podemos vivir sin temor a las autoridades. Habrá jefes que te ordenarán ha hacer cosas indebidas, pero si tienes un caracter firme, te mantendrás en lo correcto aún a expensas de ser castigado por desobedecer, pero dice Pablo, " mejor es sufrir por hacer el bien que sufrir por hacer el mal".
La conciencia puede corromperse cuando dejamos de alimentarla con la palabra de Dios, se debilita al punto de suplantar la Fe por la duda y entonces corremos riesgos no deseados, cuando la enlodamos y ensuciamos con las falsas enseñanzas del mundo secular. La insensibilidad es una consecuencia evidente de que en nuestro conocimiento no prevalece Dios, no hay lugar para el amor, por lo tanto, como dice Pablo, se cauteriza. (1 Timoteo 4:2); entonces llegamos a ser como los hipócritas, hablando mentiras y como incrédulos profesaremos conocer a Dios pero con los hechos lo negáremos, abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra. (Tito 1:15).
Sólo la sangre de Jesús lava nuestra conciencia, y esto es por una sola vez, no necesitas más que aceptar su perdón, reconocer que has estado obrando incorrectamente y creer en tu corazón que el es Señor y Salvador, pues derramó su sangre, fue masacrado injustamente por tus pecados y los míos, y que luego venció la muerte para darnos vida eterna. No necesitas pagar penitencias para limpiar tu conciencia y atesorar ese deseo ardiente en tu corazón de comportarte bien en todo momento, aún a pesar de las injusticias, y esto es elogiable ante los ojos de Dios.
Acercate a Dios con corazón sincero, en plena certidumbre de Fe, purificafo tu corazón de una mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura. (Hebreos 10:22)