lunes, 4 de enero de 2016

UNA CONCIENCIA LIMPIA

Una conciencia limpia es una conciencia bien alimentada, pero sobre todo, bien cuidada y conservada, requiriendo para ello, constancia, disciplina y preparación.
La conciencia es el conocimiento reflexivo de las cosas, del bien y del mal. Es esa alarma del ser humano que enciende el deseo de portarnos bien en todo, a pesar, incluso, de las injusticias. La conciencia es ese eslabón de la sabiduría que nos ayuda adiscernir entre lo bueno y lo malo. Sin embargo, debo aclarar, que nadie como Dios para permitirnos, por su misericordia y gracia, comprender, desentrañar ó descifrar qué es bueno y qué es malo, sobre todo cuando se trata de reconocer los que habitan dentro de nosotros y conocemos y aún los que no. " ¿Quién puede discernir sus propios a errores? Líbrame de los que me son  ocultos."Salmos 19:12

Las escrituras, dice la Biblia, son el alimento ideal para nutrir ese conocimiento. Ese deseo de mantenernos caminando en rectitud.

Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para enseñarnos lo que es verdad y para hacernos ver lo que está mal en nuestra vida. Nos corrige cuando estamos equivocados y nos enseña a hacer lo correcto. 2 Timoteo 3:16 NTV

Esta escritura confirma lo importante de leer la palabra de Dios. No sólo nos será necesaria en el día malo y en momentos de tentación, sino que nos ayudats, sin duda, a tomar mejores decisiones. Nos permitirá a estar firmes, a pesar de las presiones del sistema secular o del mundo.

Como hijos de Dios, como hombres y mujeres que hemos creído en Jesucristo como nuestro Salvador y Señor, debemos estar alertas para proteger, salvaguardar, defender y mantener nuestra conciencia libre de impurezas. Que no tengamos temor de levantar nuestra voz para hablar de Jesucristo, predicar las buenas nuevas de Salvación con seguridad y denuedo, convencidos que el enemigo no nos avergonzará  porque no tendrá argumentos en nuestra contra para calumniarnos. Al contrario una conciencia limpia avergüenza a los que murmuran.

Evitemos, en todo momento, dar oportunidad a los que no creen en Jesús, para que nos censuren.  Evitemos que nuestras decisiones y acciones, contaminen la conciencia débil de nuevos creyentes. Cuidemos de hacer tropezar a aquellos que son vulnerables a tropezar porque aún don débiles en la Fe. Un nuevo creyente muy pocos sabe de la palabra de Dios y poco entiende, así que, nuestro conocimiento de la verdad debe ser administrado con excelente amor, ya que, de hecho, la buena conciencia es una fuente de Amor. Cuidemos, pués, de andar dignamente para no crear juicios para si mismos. 

Que importante es tener una conciencia limpia, tanto así que es un requisito indispensable para servir a Dios. Esta conciencia respalda todo lo que hagas para el Señor, ya que te indicará si estás o no haciendo algo correcto o incorrecto. La conciencia en si misma, nos enseña que hemos de hacer para agradar a Dios, pero cuando no le obedecemos nos acusa; por consiguiente nos atrae hacia Dios o nos lleva hacia El para corregirnos. Una conciencia limpia no necesariamente nos justifica ni demuestra que tengamos la razón pero si nos recomienda muy bien a causa de nuestro buen testimonio.

Cuando nuestra conciencia esta limpia, podemos vivir sin temor a las autoridades. Habrá jefes que te ordenarán ha hacer cosas indebidas, pero si tienes un caracter firme, te mantendrás en lo correcto aún a expensas de ser castigado por desobedecer, pero dice Pablo, " mejor es sufrir por hacer el bien que sufrir por hacer el mal".

La conciencia puede corromperse cuando dejamos de alimentarla con la palabra de Dios, se debilita al punto de suplantar la Fe por la duda y entonces corremos riesgos no deseados, cuando la enlodamos y ensuciamos con las falsas enseñanzas del mundo secular. La insensibilidad es una consecuencia evidente de que en nuestro conocimiento no prevalece Dios, no hay lugar para el amor, por lo tanto, como dice Pablo, se cauteriza. (1 Timoteo 4:2); entonces llegamos a ser como los hipócritas, hablando mentiras y como incrédulos profesaremos conocer a Dios pero con los hechos lo negáremos, abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra. (Tito 1:15).

Sólo la sangre de Jesús lava nuestra conciencia, y esto es por una sola vez, no necesitas más que aceptar su perdón, reconocer que has estado obrando incorrectamente y creer en tu corazón que el es Señor y Salvador, pues derramó su sangre, fue masacrado injustamente por tus pecados y los míos, y que luego venció la muerte para darnos vida eterna. No necesitas pagar penitencias para limpiar tu conciencia y atesorar ese deseo ardiente en tu corazón de comportarte bien en todo momento, aún a pesar de las injusticias, y esto es elogiable ante los ojos de Dios.

Acercate a Dios con corazón sincero, en plena certidumbre de Fe, purificafo tu corazón de una mala conciencia y lavados los cuerpos con agua pura. (Hebreos 10:22)


PACIENCIA PARA TODO



 Y toda la congregación de los Israelitas murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto.  Los Israelitas les decían: “Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto cuando nos sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos. Pues nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud. Éxodo 16:2-3

Todos los procesos personales requieren de paciencia. Todo tiempo de transformación ó de preparación personal requiere de un estado de paz y enfoque. Todo entrenamiento personal requiere de una actitud fortalecida y disciplinada capaz de  soportar contratiempos y dificultades con el objeto de alcanzar alguna meta ó bien determinado. Es la actitud constante y valiente por alcanzar un estado ó nivel superior de carácter, de vida, de profesión, de situación. La paciencia es sufrir con una personalidad madura. “Es la virtud de quienes saben sufrir y tolerar las contrariedades y adversidades con fortaleza y sin lamentarse”; lo que permite que las personas puedan esperar con calma a que las cosas sucedan, comprendiendo que existen cosas o situaciones que escapan de su control  y requieren de tiempo para que se cumplan.
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. (Hebreos 11:1). La fe implica certidumbre, convicción, seguridad, evidencia de no estar esperando en vano, algo que anhelo que sea o que ocurra. Esperar algo que sabemos que llegará, nos debe mantener llenos de paz, concentrados, incluso, en otras cosas pero sin perder el enfoque, sin distracción, sin afán.
Porque en a esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza, porque lo que se ve, ¿para qué esperarlo?  Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo esperamos”. Romanos 8:24-25
Hay cosas, decisiones, resultados, momentos y personas que debemos esperar con paciencia. Hay lugares a los cuales debemos invertir paciencia mientras llegamos. Dios mismo, nos manda a que sigamos la paciencia para heredar las promesas.
“Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, a juro por si mismo, diciendo: De cierto, te a bendeciré grandemente y te multiplicare en gran manera. Y habiendo a esperado con gran paciencia, alcanzo la promesa.” (Hebreos 6:13-15)

Cuando nuestras autoridades ó líderes nos prometen buenos resultados, y ello le agregamos Fe, entonces no hay cabida para la duda y por consiguiente se abren espacios para el respeto, la estimación y la honra. De lo contrario la incredulidad cobrará espacio en nuestras mentes, la incertidumbre cizaña nuestros pensamientos y en poco tiempo estaremos quejándonos, murmurando, traicionando y siendo desleales a la promesa de nuestros líderes. La impaciencia es la manifestación inicial de renuncia a las bendiciones prometidas, es un impulso alocado de intolerancia que nos origina una auto-cancelación de oportunidades y nos lleva a correr peligros o a tomar decisiones, tan malas, que arriesgan nuestros trabajos, familias, relaciones y hasta nuestras vidas.   
La murmuración es calumnia, es soberbia,  es una queja, es levantar una falsedad en contra de alguien que no está presente; y puede tener su origen en la impaciencia, ese afán desmedido que no desea tolerar que una hora requiera de sesenta minutos y un minuto de sesenta segundos para que se cumplan. La murmuración es deshonrar a alguien. La deshonra trae  maldiciones por medio de las palabras o palabrotas que ello implicaría.
La impaciencia es originada por muchos motivos y uno de ellos es cuando tendemos a comparar nuestra situación, nuestro lugar, nuestro estado con otros; para no solo  desestimar a quien me tiene esperando, sino que comienza el alma a sentir envidias ó  egoísmos, que nos alteran con motivo del que prospera en sus caminos (salmos 37:7).
La paciencia es una estrategia para convencer ó persuadir  a los demás, demuestra  y proyecta carácter y madurez personal.  Hay puertas que se abren permanentemente por causa de la paciencia. Para perdonar se requiere de paciencia, pero perdonar no es fácil, por ello la paciencia está jerárquicamente nivelada con el Amor, ya que es uno de los frutos del Espíritu Santo. Hagamos las cosas con moderación o compostura, pero para ello necesitamos paciencia.
Un proceso, un tiempo de transformación y preparación personal, de entrenamiento y aprendizaje; transitado con paciencia,  produce buenos frutos. Con frecuencia oímos y hablamos de deportistas, actores,  artistas, trabajadores y emprendedores afamados; el mundo reconoce sus trabajos y les premia y aplaude; pero detrás de tantos laureles existe una cuota importante de sacrificios, de tiempos, de lágrimas, de sudor, de estudio y preparación constante, que requirieron de un componente importantísimo, para tener los resultados que los hacen famosos; ese elemento    es la paciencia.
La impaciencia suele, por la desesperanza que involucra,  producir un anhelo desmedido por las cosas pasadas, por el confort ó la comodidad pretérita, desestimando las esperanzas presentes y la bendición prometida.  Así como le ocurría al pueblo de Israel, los cuales ansiaban  regresar a Egipto, ese lugar de esclavitud del que salieron tras una gran promesa, pero la impaciencia en el proceso del desierto los cegaba y solo podían recordar los alimentos pasados y obviar la leche y la miel de la tierra prometida.
¿Cuántos empresarios quebrados por no aguardar por el lugar en donde debía implantar su local, cuantas jóvenes son madres solteras por no tolerar el tiempo de preparación y estudios que le dotaría del conocimiento necesario para tener una profesión, cuantos matrimonios rotos por añorar respuestas rápidas y milagrosas a sus breves oraciones a Dios, cuantos se han asociado ó casado con las personas incorrectas solo por no querer esperar, cuantas personas o empresas se han quedado por años estancados por no querer transitar a niveles superiores mejores, cuantas áreas muertas hay en muchas personas y creyentes por no dejarse moldear como el barro en las manos de Dios. Ay de los jóvenes que perdieron la vida por no tener dominio propio por manejar un vehículo, sin el debido entrenamiento, cuantos embarazos no deseados,  cuantas oportunidades de ganar no disfrutadas por no invertir en el tiempo de entrenamiento y aprendizaje? ¡ Como deseo la paciencia de Job y la paciencia de Dios.!
Tengamos paciencia para ganar almas, para oír, para pasar por alto los pecados pasados de la gente que acepte al Señor como su Señor y Salvador; imitemos al Dios de la paciencia en esto, El ha tenido paciencia con nosotros para llevarnos al arrepentimiento. Todas las almas que ganemos para Jesucristo,   no  pueden cambiar de un día para otro, cada persona tiene su tiempo, su velocidad; y ello requiere que seamos pacientes. La paciencia es producto de las tribulaciones, de las pruebas, del desierto, de las situaciones no cómodas. Nuestro carácter se afirma y nuestra Fe se fortalece.  Por ello es inexcusable que con toda humildad y mansedumbre, en el amor, nos soportemos con paciencia, los unos a los otros.  La paciencia nos permite ser solícitos ó diligentes para mantener la unidad y la paz, así que corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.

Así como Pedro preguntó, con respecto al perdón: ¿Cuántas veces he de perdonar? Y la respuesta fue: “hasta setenta  veces siete”; tal vez te preguntarás ¿hasta cuándo tendré que tener paciencia?
Dios te responde en Santiago 5:7-8 “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia, hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.  Tened también vosotros paciencia; a fortaleced vuestros corazones, porque la b venida del Señor se acerca. Tened paciencia, hasta la venida del Señor”.

Pedro Reyes