Norte
del artículo:
Recordar al lector la importancia de dar a Dios el primer lugar en todo.
Cuando
niño, recuerdo a papá persignarse al mismo tiempo que decía "en el nombre
del Padre, del hijo y el Espíritu Santo" antes de salir de casa y
antes de abrir el toldo para la venta de empanadas y tiempo después para la
venta de chancletas, cholas y zapatos, en el mercado buhonero de la ciudad. No
tengo dudas de que usted también recuerda algo parecido. Esto era todos los
días a eso de las 5 de la mañana. Desconozco si papá sabría del salmo 127, pero
sea que lo supiera o no, a su manera lo aplicaba. Papá, siempre, regresaba
contento y agradecido. Todavía papá hace lo mismo cuando va a limpiar y sembrar
en un terreno posterior a la casa donde vive. Antes de la faena invita a Dios
primeramente, y ahora más y mejor, pues, hoy sí conoce de la palabra de Dios.
Eso
lo enseña Dios durante todo el itinerario bíblico, por medio de cada profeta y
mediante Jesús y sus apóstoles. Dios conoce que humanamente, tenemos la
tendencia a satisfacer los deseos de la carne, por eso Jesús siempre nos enseñó
e insistió a ocuparnos más por alimentar al espíritu.
Nuestras ambiciones humanas muchas veces nos distraen de planificar.
Cuando no existe visión, difícilmente habrá planes y sin planes no hay oración,
ni acción que funcione. Vamos a ningún lugar.
Cuando Jehová, dice “Porque
yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, pensamientos de paz y no
de mal, para daros un a porvenir y una esperanza”; está afirmando que un
plan bien pensado conlleva a lograr los objetivos planteados y a la esperanza
de alcanzar, aún, mejores resultados. Sin embargo, repito, las ambiciones nos
distraen, y no está mal tener ambición, el problema es cuando nuestra tendencia
es hacia la avaricia, pues es justo allí cuando nos desenfocamos, y colocamos
cualquier cosa por delante de Jehová.
Esta
distracción y desenfoque es la que vivieron los habitantes de Judá en la
temporada del profeta Hageo, ya que se ocupaban de ostentar y exaltar lo
físico, adoraban la bendición y se olvidaban del Dios de la bendición.
¿Cuántas veces postergamos las cosas de Dios, para hacer las nuestras?
¿Cuántas veces alegamos que todavía no es el momento
apropiado para ir a reconstruir la casa del Señor?
Jehová pregunto, por boca del profeta
Hageo “ ¿Acaso es el momento apropiado para que ustedes residan en casas
techadas mientras que esta casa (la de Dios) está en ruinas?
Así
dice ahora el Señor Todopoderoso:«¡Reflexionen sobre su proceder!
No es una ocurrencia
hueca, cuando Jesús nos invita a buscar primeramente el Reino de Dios y su
Justicia, para asegurar la satisfacción de nuestras necesidades. Somos templo y morada
del Espíritu Santo, no nos afanemos por nuestras necesidades, Dios sabe qué
necesitamos. Busquemos primero el Reino de Dios y su justicia. Si Dios no
participa en tu edificación personal en vano te preparas y haces talleres de
crecimiento. No descuides al Señor tu Dios, planificar y
orar van de la mano
y
te aseguran un buen destino.
De
alguna manera, es más fácil dejar a un lado las cosas de Dios para ir tras
nuestras propias metas planificadas. Olvidamos invitar a Dios al banquete,
olvidamos invitar a Dios a nuestros planes, olvidamos orar y parece que nos
enseñoreamos de nuestras propias fuerzas, con una tácita intención de robarle
la Gloria a Dios. Aunque no sea esa nuestra intención, el enemigo hará lo
necesario para que por medio de halagos o resultados exitosos temporales no nos
demos cuenta de lo que cometemos delante de Dios.
Jesús
constantemente invitaba a ir tras lo eterno y no tras lo temporal; no es
importante el alimento que perece sino el que trasciende, los tesoros que debemos guardar son aquellos
a los cuales ni el oxido, ni la polilla los puede consumir. Ni el ladrón hurtar:
tesoros del cielo. Cuando apartamos los ojos de Dios, comenzamos a alimentar
nuestra carne para caminar por vista y no por fe. Sin embargo, Dios en su infinita
misericordia, le es imposible dejar de ser fiel y aún a quien no le toma en
cuenta y no invoca su nombre, le recuerda que Él está allí:
“Me di a conocer a
los que no preguntaban por mí; dejé que me hallaran los
que no me buscaban. A una nación que no invocaba mi nombre, le
dije: “¡Aquí estoy!” Todo el día extendí mis manos hacia un
pueblo rebelde, que va por mal camino, siguiendo sus propias ideas. Es un
pueblo que en mi propia cara constantemente me provoca”. Isaías 65:1-3 No reconocer la presencia
de Dios ó no invitarle a Él a nuestros proyectos; no ponerle a Él como
prioridad en nuestras vidas, es visto como una provocación, aunque ciertamente
no podamos tentarlo.
“Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo
rebelde, que va por mal camino, siguiendo sus propias ideas… El hombre propone y Dios dispone. A
cada uno le parece correcto su proceder, pero el Señor juzga los motivos.”
Prov. 16:1-2
Humanamente
la independencia y ausencia de Dios en nuestras vidas crea una esperanza que no
es tal, es una especie de suerte, es actuar y trabajar sin un propósito que
valga la pena, puesto que no está alineado a la voluntad de Dios, por lo que
nuestras palabras y acciones pueden proyectarnos como gente sumamente optimista,
pero en el fondo nuestras declaraciones positivas no dejas de ser un lógico
pronóstico de lo que estamos viendo, pero nunca de lo que Dios es capaz de
hacer con lo que quisiéramos ver y no vemos. Nuestros pensamientos se limitan
por lo que nuestros ojos ven. No es fe lo que nos mueve, sino la lógica.
Grandes esfuerzos, grandes ambiciones pero escasos y limitados resultados es la
consecuencia de no invitar a Dios a tu lado.
"Esperaban
cosechas abundantes, pero fueron pobres; y cuando trajeron la cosecha a su
casa, yo la hice desaparecer con un soplo. ¿Por qué? Porque mi casa está en
ruinas —dice el Señor de los Ejércitos Celestiales— mientras ustedes se ocupan
de construir sus elegantes casas." Hageo 1:9
Otra
área en el que la humanidad aparta sus
ojos del Señor es, la motivación por las
que hace las cosas. Nuestra carne desea agradar a los seres humanos, nos llenan
los aplausos y las ovaciones; no está mal que las recibamos, es nuestra la
satisfacción de que Dios nos recompense cuando usamos los dones y talentos que
Dios nos da; el problema no es eso, sino como lo tomamos, si nos enorgullecemos
y nos enseñoreamos sobre los demás, y me olvido de agradecer a Dios porque que
me permitió vivir esos aplausos y ovaciones. Otro problema es cuando con la
explosión de mis talentos y dones, no hay un alma que reciba edificación y
bendición.
Hombres,
de nada sirve tanta ostentación, “Si Jehová no
edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare
la ciudad, en vano vela la guardia.” Salmo 127:1.
Mujer,
de nada sirve tanto adorno, pues “como zarcillo de
oro en la nariz de un cerdo, es la mujer hermosa y apartada de razón”. Prov.
11:22
Dependamos de Dios siempre, porque dura cosa
es dar coces contra el aguijón. No podemos ser tercos delante de tanta verdad.
La fe viene por el oír la palabra de Dios, pero de qué sirve oírla y no hacer
tangible la palabra de Dios. La oración es una manifestación genuina de Fe y
dependencia de Dios. Dejemos la terquedad. Todo lo que hagamos debe estar bajo
la dependencia de Dios. ``No por
el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu--dice el SEÑOR de los
ejércitos.
Tenemos
la bendición de soñar, de planificar y alistarnos para formar y/o mejorar nuestra empresa, nuestro cuerpo,
nuestra profesión, nuestro hogar, nuestros hijos, nuestras relaciones; todo lo
que nos sume y nos edifique lo sabe Dios; pero él espera que busquemos su
ayuda, a él le agrada que dependamos de él, pues, cuando es así, él nos dará la
victoria.
El caballo se alista para el día
de la batalla; Mas Jehová es el que da la victoria. Prov. 21:31
El
Salmista dijo “Dios mío, enséñame a vivir como
tú siempre has querido. Tú eres mi Dios y salvador, y en ti siempre confío”.
Salmos 25: 4-5
Cuando dependemos de Dios, siempre lo
invitamos a que tome el control. Siempre será nuestro primer pensamiento al
despertar y nuestro último, al dormir. Nuestro sentido de dependencia de Dios
nos lleva a buscar consecuentemente su sabiduría, a preguntarnos siempre ¿cómo
lo haría Jesús?.
No puedo incluir en mi oración frases como
“Señor toma el control de mi vida”, cuando no somos capaces de obedecer su
palabra. El Señor endereza nuestros pasos, El los dirige, cuando planificamos y
lo incluimos en nuestro equipo. Depender de Él es reconocerlo en todos nuestros
caminos y decisiones, y permitir que enderece nuestras veredas. Nuestros planes
deben apuntar hacia la voluntad del Señor, que es buena, agradable y perfecta,
pero solo la sabremos cuando estamos conectados con El, respecto a aquello que
estamos planificando ó emprendiendo. Es
bueno saber que la palabra de Dios dice “que el
hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus
pasos.”. Habrá
decisiones que tomaremos y que no serán las más acertadas, pero, si estamos
claros de quien es Dios, en medio de estos proyectos y circunstancias, buscaremos
aun más su consejo sin sentirnos culpables de nada.
Moisés,
dijo: Si tu presencia no va con
nosotros, no nos hagas partir de aquí .Éxodo 33:15; en
otras palabras Moisés le dijo a Dios, “no me muevo a menos que tú lo ordenes”;
“no me muevo a menos que tú vayas delante de mí”. En esos tiempos, Moisés
reconoció que su humana fortaleza y sabiduría de nada le servía sin la segura
compañía de Jehová. Dios no se permite ser adulado, pues Él nos amó primero, Él
no tiene por qué estar haciendo cosas para que le sigan, nosotros debemos seguirle
porque es nuestro creador. Jehová es celoso, y su Gloria no comparte con otros
dioses. Moisés estaba claro de esta verdad por eso preguntó: ¿Cómo se
sabrá que me miras con agrado —a mí y a tu pueblo— si no vienes con nosotros?
Pues tu presencia con nosotros es la que nos separa —a tu pueblo y a mí— de
todos los demás pueblos de la tierra. En otra versión Moisés
pregunta: ¿En qué
seríamos diferentes de los demás pueblos de la tierra?
Es
por eso que el Señor le responde de la siguiente manera: Ciertamente haré lo que me
pides, porque te miro con agrado y te conozco por tu nombre.
Repito
cuando nuestra motivación de hacer las cosas excluye a Dios, cuando no
reconocemos el poder y gracia de Dios en nosotros, cuando no dependemos de El,
cuando falta Dios en cualquier área de nuestras vidas será por causa de nosotros que
los cielos retengan el rocío y la tierra no produzca cosechas.
Pero
hoy el Señor desea animarte, entusiasmarte a caminar en su presencia, a ponerlo
a El en primer lugar, a que vuelvas a tu primer amor, a que trabajes en su
templo, en la casa donde el habita, a edificar tu interior, para proyectar y
exteriorizar su luz verdadera. Está bien que sueñes, que planifiques pero ten
en cuenta que hay un Dios todopoderoso, lleno de gran sabiduría que desea
incluir tus planes en los de El, que desea que mientras trabajas en sus planes,
los tuyos se harán verdad por encima, incluso, de las expectativas que esperas.
No
dejes a Dios por fuera, no lo ignores, no lo trates con indiferencia, que Dios
no falte en tu pensamiento, en tu corazón, ni en tu boca, ni en el estilo de
vida que proyectas. Que no falte tu acción de gracia, desde que te
levantas hasta que te acuestas, por lo bueno y por lo menos bueno que te
ocurra, por lo tanto cuando hayas iniciado la práctica de esta gran verdad de
honra y agradecimiento a Dios Padre, el mismo te invitará a comparar los
resultados del antes con los de ahora y te preguntará: “¿Queda
alguien entre ustedes que haya visto esta casa en su antiguo esplendor? ¿Qué
les parece ahora? ¿No la ven como muy poca cosa? Pues ahora, ¡ánimo, … —afirma el Señor—. ¡Manos a la obra,
que yo estoy con ustedes! —afirma el Señor Todopoderoso.
Pedro Reyes. Gloria a Dios!