viernes, 25 de marzo de 2016

CONTRA LA FATALIDAD

"Y el SEÑOR vio que era mucha la maldad de los hombres en la tierra, y que toda intención de los pensamientos de su corazón era sólo hacer siempre el mal".Génesis 6:5

Me sorprendí en algún momento dejándome llevar por malas noticias, viendo vídeos de tilde amarillista y cargados de frialdad humana, de indolencia e insensibilidad. Me sorprendí sintiendo asco por lo que mis sentidos percibían, me estaba alimentando, sin darme cuenta, de basura y contenidos que contaminaban mi vida. 
He observado como una noticia mala es capaz de subir la sintonía de cualquier programa que ocupe espacio en los medios audio visuales y redes sociales. Usted lo puede ver cuando a su teléfono o correo llega una invitación para que vea como matan a una persona, o a un animal, o como roban o pelean las personas, o se ahoga un niño, o se drogan las personas o como explota un musulmán para agradar a Dios, etcetera, etcetera y todo o casi todos firmados desde un celular por alguien que no nos explicamos cómo no pudo hacer algo por evitar el hecho ó al menos ayudar.   

He visto como la gente compra la prensa y en vez de leerla, hojeando de derecha a izquierda, lo hacen de izquierda a derecha; es decir, le dan más prioridad a las noticias de sucesos, a lo fatal, a lo violento. Parece que la fatalidad es clave para incrementar las ventas y posicionar un medio en un rango mayor de mercado. La fatalidad abre caminos para propagar un mensaje publicitario. Esto último no es ninguna garantía, por lo que pienso que los agentes de publicidad y mercadeo se pudieran estar apoyando en las probabilidades, según estadísticas. Por eso, mientras más espeluznante sea la portada, mientras más sensacional la foto y el texto en letras amarillas sobre rojo, más se vende. Los jóvenes son el blanco de muchas "culturas", son como las mulas, los portadores del virus. Que fácil cala un tono de voz malandreao en los jóvenes, pero que difícil es que lean y nutran su léxico con palabras nuevas y cultas. Una grosería entra a sus mentes, los hace reir y luego la emplean como quien tiene celular nuevo, a cada rato.  
En fin, por algún lado, hay un dato estadístico, que interpretado, dice: "a la gente le gusta la fatalidad, los muertos, la sangre, el terror, lo crudo". 

Cuanto temor, cuanto estrés, cuanto miedo, cuanta angustia trasmite este tipo de contenido a la población. Al teléfono llegan cantidades de mensajes relacionados con hechos desastrosos, con posibles amenazas, con calamidades impresionantes, que muchas veces corresponden a noticias que se publicaron hasta un año atrás.! 
Increíblemente las buenas noticias, si se le puede llamar "noticias", no viajan a la misma velocidad que los casos impregnados de desgracia.

Lo sorprendente es que a pesar de los efectos nocivos hacia nuestras emociones, y por ende hacia nuestra salud física, las personas se aglomeran, corren, se afanan para ver y no perderse nada de cualquier situación que  derive de violencia y pueda ocasionar desgracias. Como paparazis del desastre. Como quien corre tras un ídolo.  Olvidamos lo que dijo el Apostol Pablo: "Jesucristo dio su vida por nuestros pecados para rescatarnos de este mundo malvado, según la voluntad de nuestro Dios y Padre". ¿Entonces? ¿Por qué corre la gente trás lo trágico?

Este serio atentado contra la paz ciudadana, no ha podido ser controlado, ni por las leyes, a pesar de existir. La teoría del chisme, la calumnia con propósito, la desacreditación, la violencia y la inseguridad desenfrenada, son ensalzadas constantemente por las personas, como quien dispara dardos de fuego con alegría sin importar las consecuencias que acarrean.

No podemos seguir siendo pregoneros y voceros del diablo, del creador de las obras de maldad, del padre de mentira. Donde no hay paz, hay caos, hay confusión, y eso no proviene del Reino de Dios. La voluntad de Dios, para la humanidad, no es esa. La fatalidad no existe en el Reino, por lo tanto, si oramos al Padre Nuestro que "se haga en la tierra como en el cielo" entonces, no tenemos por que tolerar la maldad y la fatalidad en la tierra. Debemos renunciar a seguir viendo como normal todo lo que sea maldad y desgracia, porque con esa actitud no tiene sentido rezar "libranos del mal" mientras corremos trás él. 

Podríamos estar viviendo lo que se espera en un país en donde muchos hogares han sacado a Dios de sus casas. La ausencia de Dios en la familia ha deteriorado a la sociedad, la sociedad se viene abajo porque su célula fundamental carece de amor. Si no existe amor hay indolencia, no hay compasión, hay frialdad y por consiguiente hay maldad. Dios es amor, por lo tanto donde hay Amor alli está Dios, y si está Dios él echa afuera todo temor y no permite que la maldad encienda sus dardos ó conquiste espacios en la sociedad. Mientras las personas sigan adorando la maldad, el diablo continuará ofreciendo y expandiendo su catalogo de argumentos y mentiras que enferman y destruyen a la humanidad. 

Rompamos con eso, comencemos a predicar la palabra de Dios. Por cada prensa amarillista en la calle debe haber cien hijos de Dios, llevando las buenas nuevas del Reino por la ciudad a cada persona, por cada noticia que roba la paz debe haber una palabra de Dios poderosa que la destruya las obras que el diablo pretenda establecer. Debemos romper el circulo de la maldad, haciendo cosas buenas, venzamos al mal con el bien. Jesucristo venció al diablo, debemos creer eso, porque el mismo Jesucristo nos dió poder y autoridad para destruir la maldad, y las obras satánicas. Hace falta que usemos nuestra ira para deshacer las obras del diablo. Usar la espada de la palabra, la cual es poderosa para hacer huir al enemigo. La gente debe saber que la paz existe, y está en Jesucristo. La gente debe aprender que la fatalidad solo busca detener los planes que Dios tiene para cada uno de nosotros, planes de bien y no de maldad, planes de bienestar y porvenir. 

La esperanza debe retornar a los hogares, las familias necesitan adorar a Jesuscristo, el Amor debe reencontrarse con las personas; Cristo nos comisionó a vencer al mundo con su palabra y prometió que grandes cosas haremos si creemos en El. Contra la maldad se levanta un ejercito de Dios, guerreros convencidos de reconquistar los terrenos perdidos, de transformar con la palabra de Dios los pensamientos de la humanidad estableciendo el Reino de Dios y la mente de Cristo en cada ser humano.  

Por último, hermanos, piensen en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama. Piensen en toda clase de virtudes, en todo lo que merece alabanza.(Filipenses 4:8)

Pedro Reyes