miércoles, 9 de diciembre de 2015

Alimentos de Ofrenda y Gratitud



En una oportunidad participé como oyente en un grupo de iglesia en casa que se realizaba precisamente en casa de mi familia. Luego de oír la palabra de Dios, como de costumbre recogieron la ofrenda. Yo aún no había aceptado al Señor en mi corazón y recuerdo que tenía cincuenta bolívares en un sólo billete. Por alguna razón me sentí obligado a dar, pero ese era el pasaje del día siguiente para ir a trabajar. Me puse mal humorado, y por mi mente no pasó el pedir cambio para quedarme con parte del dinero, sino que disimulando muy bien mi molestia lo arrugué con rabia y lo tiré en la pequeña  cesta. Más tarde en mi cuarto, no dejaba de pensar como llegaría al trabajo al día siguiente, y me agredía diciéndome a mí mismo, tonto. Mientras acomodaba la ropa y la cama, toque una pequeña protuberancia en el bolsillo de una camisa. Eran treinta bolívares arrugaditos como recién lavados, los tomé y me sentí algo aliviado. De pronto debajo del colchón cayeron veinte bolívares más! En ese momento sentí un fuerte escalofrío en mi cuerpo y una voz que me dijo:"toma tu dinero, yo no necesito de él".
El mensaje estaba claro! Casi no pude dormir esa noche. Pero Dios me dio una gran lección, que jamás he olvidado.
Pude recordar ese momento mientras leía una porción del Salmo 50 "Si tuviera hambre, no te lo diría a ti, porque mío es el mundo entero y todo lo que hay en él. ¿Acaso me alimento de carne de toro? ¿Acaso bebo sangre de cabra? Haz que la gratitud sea tu sacrificio a Dios y cumple los votos que le has hecho al Altísimo. "
Salmos 50:12-14
Creo que si algo le agrada a Dios, después de la Fe en él, es la gratitud y la obediencia. Dar gracias en las buenas y en las menos buenas, y además cumplir lo que le prometemos, es decir obedecer. Si Jesucristo es nuestro amigo y somos amigos de él, hagamos lo que nos dice.
Es común rechazar a Jesucristo, a Dios, cuando nos hablan de ofrendar. Sobre todo cuando somos nuevos o cuando aún no hemos madurado el mensaje, pues la palabra de ofrenda no ha sido  revelada  en el  espíritu.  Es común relacionar siempre la ofrenda con dinero, otros la vinculan con sacrificios, pero no hay mayor sacrificio de ofrenda que la sangre derramada por el hijo de Dios, Jesucristo.
El dinero no debe ser un motivo para separarnos de Dios por ninguna circunstancia. Dios nos da de lo que tiene, promete proveer sin limitaciones. Su Amor es inagotable y de él proviene el poder que tenemos para hacer riquezas. El es el dueño del oro y de la plata. El es el Rey, entonces: Al Cesar lo que es de Cesar y a Dios lo que es de Dios. El problema amigo mío, no es el dinero, sino el valor y el lugar que le has dado al dinero, en tu vida. Te lo digo así,  el primer mandamiento dice: Ama a Dios por sobre todas las cosas...pero prácticas, Amar a las cosas por encima de Dios.

El problema es que ponemos las creaciones por encima de su creador que es Dios. Dios sabe perfectamente estas cosas y por ello nos exige perfecta madurez para que sepamos administrar sus bendiciones.
Es absurdo pensar que un Padre le confiará algo muy importante a un hijo que aún no está preparado para manejar ese algo.
Ahora, cuando amamos al dinero, no importa la cantidad que sea, lo convertimos en un dios y en él ponemos toda nuestra confianza. Este dios, es temporal y ficticio, su poder es predeciblemente limitado y, como el humo, se desintegra en el tempo.
Imagina el siguiente cuadro: un papá que da dinero para la universidad del hijo, y un día el papá sabiendo que el hijo aún tiene en mano parte de lo que él le da, le pide para abastecer combustible, pero el hijo se niega o si lo hace, le dice al papá, de mala gana: ok., acá tienes, pero te recuerdo, papá,  que me los debes pagar pronto!.
No les parece absurdo, además de insensato? Absolutamente!

Así pues ocurre con muchas personas cuando están en medio de una petición de ofrenda.
Dios desea que voluntariamente demos de lo que dispongamos en nuestro corazón. No por necesidad ni con tristeza! Sino con alegría!
Hay personas que defienden la teoría de que el dinero hace la felicidad, por eso despojarse de él, en las cantidades que sean les resulta difícil y perturbador, ya que ello significaría perder parte de la felicidad que tienen, y en consecuencia ese acto de dar les roba la paz.  Esta paz, fundamentada en lo material, nada tiene que ver con la paz que Jesucristo promete en su palabra.
La tristeza al dar, refleja un despecho profundo en el corazón del dador,  por la separación de su gran amor, el dinero. La gente capaz de producir dinero ya es feliz antes de producir dinero, su felicidad no la determina el dinero sino que su felicidad lo inspira para ser un ser productivo y generoso. El dador triste se caracteriza por ser egoísta y tacaño.
El amor al dinero es la raíz de todos los males. Cuántas atrocidades no se han cometido por causa de la avaricia?
Ofrendar, aparte de que es una manera de adorar y honrar a Dios, es un ejercicio efectivo para fortalecer los músculos de la generosidad y perder kilos de apego a lo material. Es una asignatura cuyo objetivo es enseñarnos a mantener y conservar nuestra paz; sin embargo, al agradecer a Dios, le hace sentir alegre. Pregúntate, ¿Cómo te sientes cuando alguien te agradece, por algo que hayas hecho a ese alguien, sin cobrar nada a cambio?
El dinero ayuda a construir una estructura, pero nunca debe ser el fundamento de ella. La generosidad, la ofrenda y el dar, abren paso a oportunidades, incluso, jamás esperadas. Agradecer, por estas oportunidades, es la adoración más hermosa que podemos dar a Dios. Cuando agradecemos, manifestamos que, de no ser por él, por su amor inagotable, por su gracia, por su misericordia, por su ayuda; no seríamos, ni alcanzaríamos nada. Agradecer manifiesta nuestro reconocimiento de dependencia del único que todo lo puede, Rey y Señor de Señores.
Como hijos biológicos maduros, deberíamos honrar siempre a nuestros padres y disfrutar de la promesa por ello; sin embargo hay quienes no lo hacen, por lo tanto es evidente qué si no lo hacen con el papá o con la mamá que ven, qué puede esperar Dios si él no es visible?
Desde muy joven fui practicante enfermizo de las apuestas, capaz de perder todo el salario de un mes en menos de una hora, capaz de perder varios semestres universitarios por no dejar de ir a un hipódromo, capaz de endeudarme por jugar loterías y cualquier juego de invite y azar. Pero no fue sino hasta que comencé a asistir a la iglesia a oír palabra de Dios, cuando comencé a administrar el fruto de mis esfuerzos con sabiduría.  Cómo negarle a Dios tan poco, por lo mucho que me ha enseñado y he puesto en práctica? Eso no tiene precio!
A Dios no le asombra ningún "sacrificio humano", ya sea de tiempo,  económico, obra social, hazaña política, o religiosa. El Señor sólo te pide que le ames, que le adores en espíritu y en verdad. Que confíes en El y creas en su palabra.
La prosperidad, no es algo que debemos pedir o esperar desde afuera, ella está dentro de cada uno, desde el momento se haber sido creados, porque nadie hubiere sacrificado a su hijo por salvar a alguien que carece de valor. Así que la prosperidad o bienestar espiritual yace en nuestro espíritu desde el momento que nuestros ojos espirituales se abrieron y en nuestro corazón creímos que Jesucristo es el Señor de nuestras vidas.
Creer que Dios es un dios que quiere hacernos la vida molestosa, frente al cual, podemos disfrazar nuestro corazón y ocultar nuestras intenciones y, peor aún, creer que no se da cuenta de los desplantes e indiferencias que le hacemos, nos restará paz y bienestar, pero dice su palabra que, “el dar gracias es un sacrificio que verdaderamente me honra; si permanecen en mi camino, les daré a conocer la salvación de Dios”. (Salmo 50:23)

Pedro Reyes

domingo, 6 de diciembre de 2015

CONSUMIR INTENTOS

CONSUMIR  INTENTOS 
(Santiago 1:2-8)

Es interesante saber que muchos exitosos tienen como testimonio común el uso de la persistencia y  la perseverancia constante para alcanzar algo que vino a formar parte de una visión personal o familiar, profesional o empresarial. De allí que oímos, de boca de muchas personas y en libros de muchos afamados y distinguidos autores, la frase: “hay que aprender de los fracasos” ó frases así por el estilo.
Como un cuento que trata sobre un ave que quiso volar antes de tiempo, hasta una altura ostentosa y a una velocidad extraordinaria; que, después de tantas alas rotas, logró hacerlo; de ello, quiero hablarles. 
Debo aclarar que si a alguien pretendo engendrar, ministrar o enseñar en su espíritu, la motivación y el incentivo de no rendirse, o de no darse por vencido por alcanzar aquello que anhela, no solo por meta personal sino también porque hay la seguridad de que quien puso esos sueños en el corazón es el mismo Dios, es a mí mismo.
¿Cuántas oraciones cree usted que no han sido respondidas, por el hecho de no haber tenido la suficiente paciencia que implica esperar? Ciertamente, Jesucristo nos enseña que debemos pedir y se nos dará; pero también aclara que cuando pedimos y no recibimos, es porque no sabemos pedir. Esto de no saber pedir, no solo se refiere al objeto motivo de la petición, en cuanto si es conveniente para el que lo pide o no, sino a muchos otros elementos o factores cuya existencia tienen la virtud de provocar el mover de la mano de Dios: me refiero a la intención, al momento, tiempo u oportunidad de la petición, a la preparación o carácter del requirente; o a la ambición “santa” o perseverancia y esfuerzo que aplica o practica el necesitado en su demanda. Esta última, no puede ser más que el producto de un hombre o mujer que se mueve en fe, que ha alimentado su espíritu de la palabra de Dios, al punto que nada le hace desenfocarse de aquello en  lo que ha creído que Dios ha puesto en su corazón. El insistir, el ser constante, el perseverar; nada tiene que ver con el afán y el desespero; más el que así actúa no reconoce el poder de Dios, para hacer las cosas, ni respeta sus tiempos, ni acepta la voluntad de Dios. El que persevera en algo, tiene algo que no posee o desconoce el afanado; y eso es la paz y el descanso en Jehová de los Ejércitos, mientras que por el tiempo que Dios lo permita pueda esforzarse, entusiasmarse y ser valiente; sin temor y confiando solo en Dios hasta que vence y alcanza lo deseado.
El afanado se queja en cada intento fallido, el justo perseverante en Dios, ora y le alaba, mientras se levanta, se ciñe y va por otro intento distinto al que hizo anteriormente. El afanado cree solo en su conocimiento y sus fuerzas; el orgullo le ciega y cae en sus propios y repetidos errores. El perseverante está dispuesto a ser enseñado por Dios y a dejarse ayudar por El; su humildad le abre puertas y lo hace sensible a dejarse abrazar por la sabiduría que pide y que viene de lo alto para ser obediente.
Cada intento para el afanado es una pérdida de tiempo y una apetitosa oportunidad para rendirse;  pero para los que creen en Dios, son como  las luchas de David contra lobos y leones que lo prepararon para derrotar al gigante Goliat. El afanado se deprime en cada fallido hasta que abandona la carrera; pero los que creen en las promesas del Señor renuevan sus fuerzas en El, se levantan y vuelan como las águilas. El afanado cuenta (de contar) los intentos para contarles a los demás que le fue imposible y nadie podrá lograr lo que se propuso. Pero el que cree y confía en el Señor, hablará de la Gloria de Dios manifestada en cada intento consumido y celebrará, con gran alegría, la oportunidad perfecta, en el que logra lo soñado. El tiempo de Dios es perfecto como El.      
Te recomiendo que en cada intento que consumas por lograr algo, no dejes de enunciar una frase poderosa del Apóstol Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Pero esta frase no puede ser emitida con poder, sino es dicha con Fe; y para ello es fundamental que tus oídos aniden en tu mente palabras de Dios de continuo, y así pueda entender tu espíritu, las revelaciones que el  Espíritu Santo de Dios le hable.
Los procesos de Dios son esos intentos que consumes, que forman como eslabones de una cadena, que te van formando progresivamente y, como escalones que subes,  te llevan a niveles de Gloria superiores a los que sueñas, porque los pensamientos de Dios son más altos que los nuestros.
La oración eficaz del justo lo puede todo, y da resultados maravillosos” aliméntate constantemente de la palabra de Dios, conéctate con El, trata en lo íntimo con El, para que puedas discernir sus pensamientos y sus anhelos. El Espíritu Santo nos anhela, sé recíproco con El; pides y no recibes porque no sabes pedir, pero si tienes tus oídos espiritualmente abiertos para  El, sabrás a donde ir y hacia donde dirigir tus esfuerzos; obedece sus mandatos por muy alocados que sean y alcanzarás la meta que Dios ha predestinado para sus hijos.
Cada intento es una oportunidad para recordar que nuestra verdadera naturaleza radica en ser más que vencedores. Es una oportunidad para enfrentar los pensamientos de perdedor y derribarlos, cual Goliat fue derrotado por David.  El señor te dice hoy: “No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré, te sostendré con mi mano derecha victoriosa.”(Isaías 41:10)

No dejes de consumir intentos, porque el día menos pensado, en el momento más oportuno, eso que, por Fe, has estado esperando, llegará. Eso que, por Fe, has querido contemplar, lo verás.    

Pedro Reyes   

martes, 1 de diciembre de 2015

Dios Nunca Falla


Cuando el maestro de ceremonias probó el agua que ahora era vino, sin saber de dónde provenía (aunque, por supuesto, los sirvientes sí lo sabían), mandó a llamar al novio. «Un anfitrión siempre sirve el mejor vino primero —le dijo—, y una vez que todos han bebido bastante, comienza a ofrecer el vino más barato. ¡Pero tú has guardado el mejor vino hasta ahora!». Juan 2:9-10 NTV

He conocido a personas que tienen excelentes ideas, luego as llevan a cabo y funcionan!, reportando grandes resultados. Bien!, recordemos que los pensamientos de Dios son más altos que los nuestros. Recuerden a un Pedro pescador que estaba convencido de que el momento oportuno para pescar lo habían ellos trabajado con gran ímpetu pero sin los resultados deseados. Recuerden a una mujer de Samaria que acepta del agua de vida eterna (Jesús) por el agua temporal que bebía rutinariamente, recuerden cuando un joven rico es sorprendido por la respuesta de Jesús cuando le confrontó a que dejare sus bienes y los repartiera, recuerden a las hermanas de Lázaro, las cuales no esperaban verlo resucitar. Cuando Jesucristo está presente en cualquier lugar cosas sobrenaturales pueden ocurrir.
  
Aún el mundo mantiene el pensamiento de que la vida eterna se obtiene haciendo sólo obras de bondad y caridad, cuando sólo para ello, debemos creer que Jesús es el hijo de Dios. El cielo y la vida eterna no puede comprarlo ningún ser humano, Jesucristo fue el único que lo hizo y a nosotros nos queda es recibirlos. El problema está en que si no crees en Jesucristo, difícilmente podrás decir que recibirás algo de Él. Cuando es así, el ser humano sólo confía en su fuerza y su propio conocimiento; desconociendo así cualquier mérito de Dios en el desenvolvimiento de su vida. 
Aunque tengamos una idea extraordinaria, Dios siempre tiene otra mejor! aunque tengamos una idea maravillosa Dios siempre tiene otra que nos sorprenderá. Aunque tengamos un buen vino, Jesús, el hijo de Dios, tiene otro aún mejor. La condición única para que puedas beber de ese vino aún mejor, es que le hayas abierto las puertas de tu casa y de tu vida a Jesucristo. Tus acciones hablarán de tu fe en Cristo y él no dejará desamparado al justo. 
Los milagros, los resultados sobrenaturales, y la mejor noticia, se dan sólo cuando Jesucristo visita tu vida o tu casa, o tu familia o empresa.
Las ideas de Dios, no siempre nos van a gustar, pero, créanme: son las más efectivas.
Dios nos permite, dentro de nuestro libre albedrío, hacernos las preguntas necesarias para planificar nuestra vida; sin embargo habrán respuestas que no siempre compartirá o estará de acuerdo con nosotros, entonces es cuando nos cambia las preguntas para finalmente ayudarnos a resolver situaciones!. Por esto es importante mantener una excelente relación con El.

Nuestras respuestas manifiestan lo que nos preguntamos, nuestro estilo de vida puede ser el espejo de esas respuestas; pero, qué tal si, las preguntas que generaron esas respuestas, son las que están mal realizadas?. El hombre rico, de Mateo 19:16, realizó una pregunta errada, ya que estaba basada en una premisa incorrecta, pues asumía que para tener la vida eterna tenía que hacer algo. "¿Qué buena acción tengo que hacer para tener la vida eterna?" Humanamente había cumplido algunos mandamientos, pero su perfección estaba condicionada por un hecho que lo entristeció: estaba apegado a lo material, a sus posesiones.

A Cristo no podemos seguirle desde una condición carnal, sino espiritual, ya que nuestras emociones y deseos de la carne hacen de lo material el dios de nuestro sustento. Eso pensaba el hombre rico y Jesús lo sorprendió con su respuesta.

La petición de Jesús al hombre rico, me hizo recordar la que Jehová le hizo a Abraham cuando le pidió sacrificar a Isaac. Estoy persuadido de que, por la gracia y amor inagotable de Jesucristo, si el hombre rico hubiera procedido a vender todas sus posesiones para entregar el dinero a los pobres; Jesús le hubiera detenido  y por esa acción, igual le concedería tesoros en el cielo y,  Dios Padre, un espacio con su nombre en el cuadro de honor de los hombres de fe, escrito en el capítulo de 11 de la carta a los Hebreos.

Recuerdo a un Jonás que recibió un llamado para predicar a Nínive, una ciudad perdida en el pecado, pero su pensamiento fue el de huir intencionalmente irresponsable, pero al final Dios se salió con las suyas, porque sus pensamientos eran más altos que los de Jonás. Dios no pierde tiempo, y sacó provecho de esta mala acción de Jonás para ganarse a la tripulación en donde Jonas huía.(Jonas 1:16). Jonás, aunque de mala gana, cumplió el propósito de Dios. A parte, eso no es obediencia.     
Existen empresarios, que aún al borde de la banca rota, han realizado operaciones que no entienden los eruditos financieros. Empresarios que creen en el Señor y han tomado decisiones basadas en sus promesas, creyendo que todo pasará pero la palabra de Dios no pasará. Empresarios que han glorificado al Señor cuando llevan a cabo operaciones contrarias a las aconsejadas por sabios conocedores económicos y han levantado a niveles superiores a sus empresas, dejando boquiabiertos a quienes tildaban las operaciones del empresario como locuras. Un empresario inspirado en Jesucristo, siempre espera lo mejor.
Incontables son los pensamientos del Señor. Hay un stock de soluciones para nuestros "quitasueños". Solo debemos preguntarle a Él, relacionarnos con El, invitarlo a nuestra casa, a nuestra familia, a nuestro corazón y confiar que en El, nada nos faltará; y eso incluye sus pensamientos. Alinéate a sus pensamientos. El nunca falla!

Pedro Reyes