sábado, 15 de agosto de 2015

Complácete en Grande. No lo limites.

¿UNA GRAN MEDIDA DE FE ?
“Grandes son las obras de Jehová.  Dignas de meditarse por cuantos en ella se complacen.” Salmos 111:2
Como padre debo confesar, que en ocasiones me he sentido mal a causa de frases que han dicho mis hijos, respecto a cuándo necesitan o desean comprarse algo. Ciertamente he tenido que negociar con ellos algunas peticiones, debido al tema económico y financiero, pues no he tenido para complacerlos. Ellos han entendido de buena manera. Sin embargo, hay momentos en los que he contado con el dinero suficiente para obsequiarles algo que ellos se antojen, y cuando salimos al centro comercial y se acercan a las vitrinas o mostradores, dicen algo así como: “no.. eso es muy caro, papá va a decir que no”, o a veces son más directos y preguntan:”me gusta esto o aquello, pero ¿tú no tienes ese dinero, papá; es muy caro verdad?. Un sentimiento corre dentro de mí. Admito que he provocado esos comentarios de mis hijos, pero no puedo evitar sentirme como deshonrado. Ellos no tienen culpa, entiéndase bien. Gracias a Dios, en muchas ocasiones les he sorprendido con lo que no se esperan y les digo: “parece caro pero si les gusta pueden escoger”. Ellos algo incrédulos celebran con risa, halagos y abrazos, poder comprar lo que desean.
Esplendor y majestad es su obra. Ha hecho memorables sus maravillas…, . Dios ha dado alimento a los que le temen; para siempre se acordará de su pacto.   Dios manifiesta el poder de sus obras a su pueblo, las obras de sus manos son verdad y justicia (Salmos 111)
Tenemos un papá maravilloso y poderoso, para el cual nada es imposible. El es fiel con aquellos que le temen y se deleitan en sus mandamientos. El que cambió la peña en estanque de aguas, y en manantial de aguas la roca. (Salmos 114:8). Sin embargo, parece que no estamos al tanto de esto. Se nos olvida que somos hijos, a los cuales Dios nos dio una medida de fe. Y que sin esa Fe que Dios nos dio es imposible agradarle.
Muchas veces limitamos a Dios. Teniendo Dios tanto para darnos, le decimos “dame hasta aquí, Señor, sabemos que es muy caro y puede que no tengas suficiente para darnos lo que queremos”. Olvidamos que Dios es el dueño del oro y de la plata. Y de ese modo ponemos a un Dios grande muy pequeñito. Es nuestra medida de fe manifestada por nuestras propias limitaciones.
Dios siempre nos ha invitado a que le pidamos y nos enseña cómo hemos de pedir. Dios tiene muchas bendiciones para sus hijos pero nuestros límites solo nos permiten ver lo material que buscamos y apartamos nuestros ojos de él y sus demás obras maravillosas. Cuando en nuestras oraciones pedimos poco Dios debe sentirse deshonrado. El espíritu santo puede contristarse  debido a nuestra incredulidad y poca fe. Al manifestar nuestras cortas y pobres expectativas Dios ve el tamaño de nuestra Fe. A Dios le sorprende como se sorprenden sus hijos con lo poco que reciben de él.  Dios nos pregunta: ¿Y esto los impresiona? No es que esté mal que nos regocijemos en las manifestaciones de Dios, le alabemos y seamos agradecidos; el caso es que a Dios le gusta la gente que lo reta y provoca a hacer grandes cosas. Constantemente debemos provocar la Gloria de Dios, constantemente debemos anhelar que Dios se manifieste en nuestras vidas con obras de alto nivel, o ¿acaso no dice su palabra que nos llevará de Gloria en Gloria? Solo debemos deleitarnos en sus mandamientos, cuya carga es liviana y fácil de llevar, alabarle, adorarle y agradecerle aun sin haber visto su Gloria manifestada; pero esto es precisamente lo que mueve la mano de Dios a nuestro favor de una manera rebosante.
Hay veces que contamos testimonios de cosas muy pequeñas que nos ocurren, para dar la gloria a Dios y debemos hacerlo, pero en la medida que veamos a Dios manifestarse en casos imposibles, nuestra alabanza será mayor porque veremos cómo se rompen los límites nuestra fe.  Por eso es importante y fundamental leer la palabra de Dios, leer la biblia, asistir a la congregación porque necesitamos ejercitar nuestra fe y la fe viene por el oír la palabra de Dios.  
Cuando Salomón le pidió a Dios sabiduría rompió límites de fe  que otros reyes jamás alcanzaron, Pedro obedeció la voz de Jesús y sus barcas se hundían de tantos peces, el rey Yoas habría destruido a los arameos por completo si hubiera golpeado las flechas contra el suelo más de tres veces (2 Reyes 13:18-19); y el hermano mayor del hijo pródigo o derrochador, no disfrutaba de las bendiciones de la casa a pesar de que les pertenecían.
Si tenemos al Padre bueno de nuestro lado, él no puede ser el problema de que nosotros no tengamos lo que deseamos. Si nuestro corazón se cierra para no recibir su palabra corremos el riesgo de perder la fe.  Tengamos cuidado de no maravillarnos tanto que manifestemos más la celebración de un golpe de suerte que el agradecimiento genuino de haber recibido de Dios lo que por Fe ya habíamos celebrado.
Pedro Reyes

miércoles, 12 de agosto de 2015

Reconocer la Autoridad de Dios

"Pero el amor del Señor permanece para siempre con los que le temen. ¡Su salvación se extiende a los hijos de los hijos de los que son fieles a su pacto, de los que obedecen sus mandamientos!"
Salmo 103.17-18 

Pecar es desconocer la autoridad de Dios. Si usted es Papá ó Mamá y da una orden a sus hijos y ellos no la obedecen, entonces sus hijos no respetan ni reconocen su autoridad, en consecuencia, pecan. Así se deterioran las relaciones de los hijos con los padres; y de esa forma nosotros hemos fracturado nuestra relación con Dios.

Procuremos, pues, sembrar los valores cristianos y principios bíblicos en nuestro hogar. El principio de la honra a los padres, que es un mandamiento con promesa, debe ser ministrado o enseñado con la práctica. Nuestro comportamiento dice mucho a nuestros hijos. Honrar y respetar a nuestros padres no es tenerles miedo, porque este miedo nos lleva a deshonrarlos con la mentira. Enseñemos que el comportamiento debe ser el mismo, estén o no estén los padres. Esto aplica y se extiende a toda relación con una alguien que ejerza autoridad. Nuestra fidelidad traerá resultados positivos a nuestro entorno.

Está en ti y en mi, es nuestra decisión defraudar o no, la relación que Dios quizo, con gran amor, establecer. El amor de Dios permanece para siempre con los que le temen. Con aquellos que deciden cambiar voluntariamente (pero con la gracia de Dios) su mentalidad o su vana manera de pensar, reconocen que han deshonrado la relación y desean reconciliar, restaurar y fortalecer la comunión con El.

Reconocer la autoridad de Dios en nuestras vidas, trae beneficios a nuestra familia. Los beneficios de obedecer son generacionales. Tener temor de Dios, que es diferente a tener temor a Dios, es respetarlo y honrarlo. Es reconocer que él tiene y quiere lo mejor para nosotros y por ello muchas veces nos invitara a hacer cosas que no queremos hacer, pero que son necesarios para nuestro crecimiento personal y espiritual.

Si nosotros, siendo malos o pecadores, anhelamos cosas buenas o buenas dádivas para nuestros hijos, cuanto más quiere para nosotros nuestro Padre Celestial que es bueno.
 Extendamos los valores cristianos y principios bíblicos a la familia!. Sembremos obediencia en la familia. Sembremos honra y respeto a las autoridades. Demos el ejemplo como Padres, no comiéndonos las luces del semáforo o infringiendo las leyes de tránsito (peor aún delante de los hijos). Honrar a nuestros padres, incluye hablar bien de ellos y resaltar sus virtudes frente a nuestra familia, visitarlos e invitarlos a compartir.

Disfrutemos con nuestra familia los beneficios de la obediencia y agradezcamos a Dios por la Gracia que depositó en nosotros para aceptar sus correcciones.