Y toda la congregación de los
Israelitas murmuró contra Moisés y contra Aarón en el desierto. Los
Israelitas les decían: “Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en la tierra de Egipto cuando nos
sentábamos junto a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos.
Pues nos han traído a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.” Éxodo 16:2-3
Todos los procesos personales requieren
de paciencia. Todo tiempo de transformación ó de preparación personal requiere
de un estado de paz y enfoque. Todo entrenamiento personal requiere de una
actitud fortalecida y disciplinada capaz de soportar contratiempos y dificultades con el
objeto de alcanzar alguna meta ó bien determinado. Es la actitud constante y
valiente por alcanzar un estado ó nivel superior de carácter, de vida, de profesión,
de situación. La paciencia es sufrir con una personalidad madura. “Es la virtud
de quienes saben sufrir y tolerar las contrariedades y adversidades con
fortaleza y sin lamentarse”; lo que permite que las personas puedan esperar con
calma a que las cosas sucedan, comprendiendo que existen cosas o situaciones
que escapan de su control y requieren de
tiempo para que se cumplan.
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que
no se ve”. (Hebreos 11:1). La fe implica certidumbre, convicción,
seguridad, evidencia de no estar esperando en vano, algo que anhelo que sea o
que ocurra. Esperar algo que sabemos que llegará, nos debe mantener llenos de
paz, concentrados, incluso, en otras cosas pero sin perder el enfoque, sin
distracción, sin afán.
“Porque en a esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, ya no
es esperanza, porque lo que se ve, ¿para qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con
paciencia lo esperamos”. Romanos 8:24-25
Hay cosas, decisiones, resultados,
momentos y personas que debemos esperar con paciencia. Hay lugares a los cuales
debemos invertir paciencia mientras llegamos. Dios mismo, nos manda a que
sigamos la paciencia para heredar las promesas.
“Porque
cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, a juro
por si mismo, diciendo: De cierto, te a bendeciré grandemente y te multiplicare
en gran manera. Y habiendo a esperado con gran paciencia, alcanzo la promesa.” (Hebreos 6:13-15)
Cuando nuestras autoridades ó líderes
nos prometen buenos resultados, y ello le agregamos Fe, entonces no hay cabida
para la duda y por consiguiente se abren espacios para el respeto, la
estimación y la honra. De lo contrario la incredulidad cobrará espacio en
nuestras mentes, la incertidumbre cizaña nuestros pensamientos y en poco tiempo
estaremos quejándonos, murmurando, traicionando y siendo desleales a la promesa
de nuestros líderes. La impaciencia es la manifestación inicial de renuncia a
las bendiciones prometidas, es un impulso alocado de intolerancia que nos origina
una auto-cancelación de oportunidades y nos lleva a correr peligros o a tomar decisiones,
tan malas, que arriesgan nuestros trabajos, familias, relaciones y hasta
nuestras vidas.
La murmuración es calumnia, es
soberbia, es una queja, es levantar una
falsedad en contra de alguien que no está presente; y puede tener su origen en
la impaciencia, ese afán desmedido que no desea tolerar que una hora requiera
de sesenta minutos y un minuto de sesenta segundos para que se cumplan. La
murmuración es deshonrar a alguien. La deshonra trae maldiciones por medio de las palabras o
palabrotas que ello implicaría.
La impaciencia es originada por
muchos motivos y uno de ellos es cuando tendemos a comparar nuestra situación,
nuestro lugar, nuestro estado con otros; para no solo desestimar a quien me tiene esperando, sino
que comienza el alma a sentir envidias ó
egoísmos, que nos alteran con
motivo del que prospera en sus caminos (salmos 37:7).
La paciencia es una estrategia
para convencer ó persuadir a los demás,
demuestra y proyecta carácter y madurez
personal. Hay puertas que se abren
permanentemente por causa de la paciencia. Para perdonar se requiere de
paciencia, pero perdonar no es fácil, por ello la paciencia está jerárquicamente
nivelada con el Amor, ya que es uno de los frutos del Espíritu Santo. Hagamos
las cosas con moderación o compostura, pero para ello necesitamos paciencia.
Un proceso, un tiempo de
transformación y preparación personal, de entrenamiento y aprendizaje;
transitado con paciencia, produce buenos
frutos. Con frecuencia oímos y hablamos de deportistas, actores, artistas, trabajadores y emprendedores
afamados; el mundo reconoce sus trabajos y les premia y aplaude; pero detrás de
tantos laureles existe una cuota importante de sacrificios, de tiempos, de
lágrimas, de sudor, de estudio y preparación constante, que requirieron de un
componente importantísimo, para tener los resultados que los hacen famosos; ese
elemento es la
paciencia.
La impaciencia suele, por la
desesperanza que involucra, producir un anhelo
desmedido por las cosas pasadas, por el confort ó la comodidad pretérita, desestimando
las esperanzas presentes y la bendición prometida. Así como le ocurría al pueblo de Israel, los
cuales ansiaban regresar a Egipto, ese
lugar de esclavitud del que salieron tras una gran promesa, pero la impaciencia
en el proceso del desierto los cegaba y solo podían recordar los alimentos
pasados y obviar la leche y la miel de la tierra prometida.
¿Cuántos empresarios quebrados
por no aguardar por el lugar en donde debía implantar su local, cuantas jóvenes
son madres solteras por no tolerar el tiempo de preparación y estudios que le
dotaría del conocimiento necesario para tener una profesión, cuantos
matrimonios rotos por añorar respuestas rápidas y milagrosas a sus breves
oraciones a Dios, cuantos se han asociado ó casado con las personas incorrectas
solo por no querer esperar, cuantas personas o empresas se han quedado por años
estancados por no querer transitar a niveles superiores mejores, cuantas áreas
muertas hay en muchas personas y creyentes por no dejarse moldear como el barro
en las manos de Dios. Ay de los jóvenes que perdieron la vida por no tener
dominio propio por manejar un vehículo, sin el debido entrenamiento, cuantos embarazos
no deseados, cuantas oportunidades de
ganar no disfrutadas por no invertir en el tiempo de entrenamiento y
aprendizaje? ¡ Como deseo la paciencia de Job y la paciencia de Dios.!
Tengamos paciencia para ganar
almas, para oír, para pasar por alto los pecados pasados de la gente que acepte
al Señor como su Señor y Salvador; imitemos al Dios de la paciencia en esto, El
ha tenido paciencia con nosotros para llevarnos al arrepentimiento. Todas las
almas que ganemos para Jesucristo, no pueden cambiar de un día para otro, cada
persona tiene su tiempo, su velocidad; y ello requiere que seamos pacientes. La
paciencia es producto de las tribulaciones, de las pruebas, del desierto, de
las situaciones no cómodas. Nuestro carácter se afirma y nuestra Fe se
fortalece. Por ello es inexcusable que
con toda humildad y mansedumbre, en el amor, nos soportemos con paciencia, los
unos a los otros. La paciencia nos
permite ser solícitos ó diligentes para mantener la unidad y la paz, así que corramos
con paciencia la carrera que tenemos por delante.
Así como Pedro preguntó, con
respecto al perdón: ¿Cuántas veces he de perdonar? Y la respuesta fue: “hasta setenta
veces siete”; tal vez te preguntarás
¿hasta cuándo tendré que tener paciencia?
Dios te responde en
Santiago 5:7-8 “Por tanto, hermanos,
tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso
fruto de la tierra, aguardando con paciencia, hasta que reciba la lluvia
temprana y la tardía. Tened también
vosotros paciencia; a fortaleced vuestros corazones, porque la b venida del Señor
se acerca. Tened paciencia, hasta la venida del Señor”.
Pedro Reyes
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