sábado, 18 de junio de 2016

QUE DIOS NO FALTE

Norte del artículo: Recordar al lector la importancia de dar a Dios el primer lugar en todo.

Cuando niño, recuerdo a papá persignarse al mismo tiempo que decía "en el nombre del Padre, del hijo y el Espíritu Santo"  antes de salir de casa y antes de abrir el toldo para la venta de empanadas y tiempo después para la venta de chancletas, cholas y zapatos, en el mercado buhonero de la ciudad. No tengo dudas de que usted también recuerda algo parecido. Esto era todos los días a eso de las 5 de la mañana. Desconozco si papá sabría del salmo 127, pero sea que lo supiera o no, a su manera lo aplicaba. Papá, siempre, regresaba contento y agradecido. Todavía papá hace lo mismo cuando va a limpiar y sembrar en un terreno posterior a la casa donde vive. Antes de la faena invita a Dios primeramente, y ahora más y mejor, pues, hoy sí conoce de la palabra de Dios.

Eso lo enseña Dios durante todo el itinerario bíblico, por medio de cada profeta y mediante Jesús y sus apóstoles. Dios conoce que humanamente, tenemos la tendencia a satisfacer los deseos de la carne, por eso Jesús siempre nos enseñó e insistió a ocuparnos más por alimentar al espíritu.

Nuestras ambiciones humanas muchas veces nos distraen de planificar. Cuando no existe visión, difícilmente habrá planes y sin planes no hay oración, ni acción que funcione. Vamos a ningún lugar. 

Cuando Jehová, dice “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, pensamientos de paz y no de mal, para daros un a porvenir y una esperanza”; está afirmando que un plan bien pensado conlleva a lograr los objetivos planteados y a la esperanza de alcanzar, aún, mejores resultados. Sin embargo, repito, las ambiciones nos distraen, y no está mal tener ambición, el problema es cuando nuestra tendencia es hacia la avaricia, pues es justo allí cuando nos desenfocamos, y colocamos cualquier cosa por delante de Jehová.

Esta distracción y desenfoque es la que vivieron los habitantes de Judá en la temporada del profeta Hageo, ya que se ocupaban de ostentar y exaltar lo físico, adoraban la bendición y se olvidaban del Dios de la bendición.  
¿Cuántas veces postergamos las cosas de Dios, para hacer las nuestras?
¿Cuántas veces alegamos que todavía no es el momento apropiado para ir a reconstruir la casa del Señor?
Jehová pregunto, por boca del profeta  Hageo “ ¿Acaso es el momento apropiado para que ustedes residan en casas techadas mientras que esta casa (la de Dios) está en ruinas?

Así dice ahora el Señor Todopoderoso:«¡Reflexionen sobre su proceder!

No es una ocurrencia hueca, cuando Jesús nos invita a buscar primeramente el Reino de Dios y su Justicia, para asegurar la satisfacción de nuestras necesidades. Somos templo y morada del Espíritu Santo, no nos afanemos por nuestras necesidades, Dios sabe qué necesitamos. Busquemos primero el Reino de Dios y su justicia. Si Dios no participa en tu edificación personal en vano te preparas y haces talleres de crecimiento.  No descuides al Señor tu Dios,  planificar y orar van de la mano y te aseguran un buen destino.

De alguna manera, es más fácil dejar a un lado las cosas de Dios para ir tras nuestras propias metas planificadas. Olvidamos invitar a Dios al banquete, olvidamos invitar a Dios a nuestros planes, olvidamos orar y parece que nos enseñoreamos de nuestras propias fuerzas, con una tácita intención de robarle la Gloria a Dios. Aunque no sea esa nuestra intención, el enemigo hará lo necesario para que por medio de halagos o resultados exitosos temporales no nos demos cuenta de lo que cometemos delante de Dios.
 
Jesús constantemente invitaba a ir tras lo eterno y no tras lo temporal; no es importante el alimento que perece sino el que trasciende,  los tesoros que debemos guardar son aquellos a los cuales ni el oxido, ni la polilla los puede consumir. Ni el ladrón hurtar: tesoros del cielo. Cuando apartamos los ojos de Dios, comenzamos a alimentar nuestra carne para caminar por vista y no por fe.  Sin embargo, Dios en su infinita misericordia, le es imposible dejar de ser fiel y aún a quien no le toma en cuenta y no invoca su nombre, le recuerda que Él está allí:  
“Me di a conocer a los que no preguntaban por mí;    dejé que me hallaran los que no me buscaban. A una nación que no invocaba mi nombre,     le dije: “¡Aquí estoy!”  Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo rebelde, que va por mal camino, siguiendo sus propias ideas. Es un pueblo que en mi propia cara constantemente me provoca”. Isaías 65:1-3 No reconocer la presencia de Dios ó no invitarle a Él a nuestros proyectos; no ponerle a Él como prioridad en nuestras vidas, es visto como una provocación, aunque ciertamente no podamos tentarlo.

 “Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo rebelde, que va por mal camino, siguiendo sus propias ideas…  El hombre propone y Dios dispone.  A cada uno le parece correcto su proceder, pero el Señor juzga los motivos.” Prov. 16:1-2

Humanamente la independencia y ausencia de Dios en nuestras vidas crea una esperanza que no es tal, es una especie de suerte, es actuar y trabajar sin un propósito que valga la pena, puesto que no está alineado a la voluntad de Dios, por lo que nuestras palabras y acciones pueden proyectarnos como gente sumamente optimista, pero en el fondo nuestras declaraciones positivas no dejas de ser un lógico pronóstico de lo que estamos viendo, pero nunca de lo que Dios es capaz de hacer con lo que quisiéramos ver y no vemos. Nuestros pensamientos se limitan por lo que nuestros ojos ven. No es fe lo que nos mueve, sino la lógica. Grandes esfuerzos, grandes ambiciones pero escasos y limitados resultados es la consecuencia de no invitar a Dios a tu lado.   

"Esperaban cosechas abundantes, pero fueron pobres; y cuando trajeron la cosecha a su casa, yo la hice desaparecer con un soplo. ¿Por qué? Porque mi casa está en ruinas —dice el Señor de los Ejércitos Celestiales— mientras ustedes se ocupan de construir sus elegantes casas." Hageo 1:9

Otra área en el que la humanidad aparta  sus ojos del Señor es,  la motivación por las que hace las cosas. Nuestra carne desea agradar a los seres humanos, nos llenan los aplausos y las ovaciones; no está mal que las recibamos, es nuestra la satisfacción de que Dios nos recompense cuando usamos los dones y talentos que Dios nos da; el problema no es eso, sino como lo tomamos, si nos enorgullecemos y nos enseñoreamos sobre los demás, y me olvido de agradecer a Dios porque que me permitió vivir esos aplausos y ovaciones. Otro problema es cuando con la explosión de mis talentos y dones, no hay un alma que reciba edificación y bendición.  

Hombres, de nada sirve tanta ostentación, “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.” Salmo 127:1.
Mujer, de nada sirve tanto adorno, pues “como zarcillo de oro en la nariz de un cerdo, es la mujer hermosa y apartada de razón”. Prov. 11:22

Dependamos de Dios siempre, porque dura cosa es dar coces contra el aguijón. No podemos ser tercos delante de tanta verdad. La fe viene por el oír la palabra de Dios, pero de qué sirve oírla y no hacer tangible la palabra de Dios. La oración es una manifestación genuina de Fe y dependencia de Dios. Dejemos la terquedad. Todo lo que hagamos debe estar bajo la dependencia de Dios. ``No por el poder ni por la fuerza, sino por mi Espíritu--dice el SEÑOR de los ejércitos.

Tenemos la bendición de soñar, de planificar y alistarnos para formar y/o  mejorar nuestra empresa, nuestro cuerpo, nuestra profesión, nuestro hogar, nuestros hijos, nuestras relaciones; todo lo que nos sume y nos edifique lo sabe Dios; pero él espera que busquemos su ayuda, a él le agrada que dependamos de él, pues, cuando es así, él nos dará la victoria.  

El caballo se alista para el día de la batalla; Mas Jehová es el que da la victoria. Prov. 21:31
El Salmista dijo “Dios mío, enséñame a vivir como tú siempre has querido. Tú eres mi Dios y salvador, y en ti siempre confío”. Salmos 25: 4-5

Cuando dependemos de Dios, siempre lo invitamos a que tome el control. Siempre será nuestro primer pensamiento al despertar y nuestro último, al dormir. Nuestro sentido de dependencia de Dios nos lleva a buscar consecuentemente su sabiduría, a preguntarnos siempre ¿cómo lo haría Jesús?.

No puedo incluir en mi oración frases como “Señor toma el control de mi vida”, cuando no somos capaces de obedecer su palabra. El Señor endereza nuestros pasos, El los dirige, cuando planificamos y lo incluimos en nuestro equipo. Depender de Él es reconocerlo en todos nuestros caminos y decisiones, y permitir que enderece nuestras veredas. Nuestros planes deben apuntar hacia la voluntad del Señor, que es buena, agradable y perfecta, pero solo la sabremos cuando estamos conectados con El, respecto a aquello que estamos planificando ó emprendiendo.  Es bueno saber que la palabra de Dios dice “que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos.”.  Habrá decisiones que tomaremos y que no serán las más acertadas, pero, si estamos claros de quien es Dios, en medio de estos proyectos y circunstancias, buscaremos aun más su consejo sin sentirnos culpables de nada.

Moisés, dijo: Si tu presencia no va con nosotros, no nos hagas partir de aquí .Éxodo 33:15;  en otras palabras Moisés le dijo a Dios, “no me muevo a menos que tú lo ordenes”; “no me muevo a menos que tú vayas delante de mí”. En esos tiempos, Moisés reconoció que su humana fortaleza y sabiduría de nada le servía sin la segura compañía de Jehová. Dios no se permite ser adulado, pues Él nos amó primero, Él no tiene por qué estar haciendo cosas para que le sigan, nosotros debemos seguirle porque es nuestro creador. Jehová es celoso, y su Gloria no comparte con otros dioses. Moisés estaba claro de esta verdad por eso preguntó:  ¿Cómo se sabrá que me miras con agrado —a mí y a tu pueblo— si no vienes con nosotros? Pues tu presencia con nosotros es la que nos separa —a tu pueblo y a mí— de todos los demás pueblos de la tierra.  En otra versión Moisés pregunta:   ¿En qué seríamos diferentes de los demás pueblos de la tierra?

Es por eso que el Señor le responde de la siguiente manera: Ciertamente haré lo que me pides, porque te miro con agrado y te conozco por tu nombre.

Repito cuando nuestra motivación de hacer las cosas excluye a Dios, cuando no reconocemos el poder y gracia de Dios en nosotros, cuando no dependemos de El, cuando falta Dios en cualquier área de nuestras vidas será por causa de nosotros que los cielos retengan el rocío y la tierra no produzca cosechas.  
           
Pero hoy el Señor desea animarte, entusiasmarte a caminar en su presencia, a ponerlo a El en primer lugar, a que vuelvas a tu primer amor, a que trabajes en su templo, en la casa donde el habita, a edificar tu interior, para proyectar y exteriorizar su luz verdadera. Está bien que sueñes, que planifiques pero ten en cuenta que hay un Dios todopoderoso, lleno de gran sabiduría que desea incluir tus planes en los de El, que desea que mientras trabajas en sus planes, los tuyos se harán verdad por encima, incluso, de las expectativas que esperas.

No dejes a Dios por fuera, no lo ignores, no lo trates con indiferencia, que Dios no falte en tu pensamiento, en tu corazón, ni en tu boca, ni en el estilo de vida que proyectas.   Que no falte tu acción de gracia, desde que te levantas hasta que te acuestas, por lo bueno y por lo menos bueno que te ocurra, por lo tanto cuando hayas iniciado la práctica de esta gran verdad de honra y agradecimiento a Dios Padre, el mismo te invitará a comparar los resultados del antes con los de ahora y te preguntará:      “¿Queda alguien entre ustedes que haya visto esta casa en su antiguo esplendor? ¿Qué les parece ahora? ¿No la ven como muy poca cosa?  Pues ahora, ¡ánimo,  … —afirma el Señor—. ¡Manos a la obra, que yo estoy con ustedes! —afirma el Señor Todopoderoso.


Pedro Reyes. Gloria a Dios!

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