viernes, 29 de mayo de 2015

CUIDEMOS. RECORDEMOS. NO OLVIDEMOS. ASEGUREMONOS.

Deuteronomio 8:5 "Reconoce asimismo en tu corazón que, como a disciplina el hombre a su hijo, así Jehová tu Dios te disciplina". 

Vivir al estilo de vida de Jesucristo no es fácil. Sobre todo por la cantidad de tentaciones que suelen ocurrir. Sin embargo es importante reconocer que este estilo de vida requiere que estemos bajo la Gracia de Dios.
Por la gracia de Dios respiramos, por la gracia de Dios estamos protegidos, por su gracia salimos de aprietos y encontramos soluciones inexplicables. Todo se lo debemos a Dios.
Cuando el "nada es imposible para Dios" se manifiesta en nuestras vidas debemos tener mucho cuidado. 
Estar atento de poner por obra las enseñanzas de Jesucristo, nos asegura el éxito de recibir y disfrutar las promesas, los pensamientos de bienestar y porvenir que tiene Dios para nosotros.

Debemos recordar de donde nos ha sacado Dios. Del lugar de esclavitud de donde nos sacó. Del estilo de vida tóxico que dejamos atrás para seguir a Jesucristo. Debemos, igualmente, recordar la abundancia de sus Gracia en nuestras vidas; la cantidad de situaciones en las que hemos visto la mano de Dios moverse a nuestro favor, aun cuando no lo merecíamos. Recordemos que Dios disciplina cuando nos precipitamos a hacer las cosas conforme a nuestros pensamientos y fuerzas. Recordemos los beneficios de obedecerle y el mal negocio que es no obedecerle. Acordémonos de que hemos provocado ira en nuestro Señor, sin embargo, su amor es tan inagotable que por causa de la oración de otros, no nos castiga, ni nos condena. 

Cuando nos encontremos en situaciones de adversidad y dificultad, recordemos el maravilloso poder de Dios para sacarnos de ese tipo de terrenos.  Guardemos los principios y enseñanzas que Jesucristo nos modela, para aplicarlos a todo tipo de situaciones. Dios nos promete cosas maravillosas si no nos dejamos vencer, si caminamos con Fe, si creemos que él no estará ausente, sino que se glorificará en la debilidad.  No dejemos de recibir las bendiciones de Dios a causa de la incredulidad, la duda y la impaciencia. No abandonemos la batalla, ni nos permitamos morir en el proceso. No abortemos los procesos, porque es precisamente allí donde Dios forma nuestro carácter y nos fortalece.

Cuando pasamos por la dificultad de manera victoriosa, no nos olvidemos de Dios y de sus mandamientos, ni digamos que fue por nuestras fuerzas y nuestra inteligencia que salimos victoriosos. Es allí cuando debemos seguir cumpliendo los principios de Dios. Las victorias se deben defender. Jesús nos enseña que debemos orar permanentemente, sin cesar, en todo momento y en toda situación. Es decir,  si estamos orando por la sanidad o un milagro de sanidad,  y recibimos el milagro, no abandonemos la oración, sino que continuemos orando para defender el milagro o bendición que Dios nos permite vivir. 
Es una práctica común en los seres humanos, que nos distraemos en la alegría de la bendición y abandonamos las armas, dejando de defender la tierra conquistada; quedando a veces a la merced del enemigo.  Sigamos creyendo por más y demos la Gloria a Dios.

Asegurémonos bien de no fallarle al Señor en esto, porque Dios es un Dios celoso. Que tiene misericordia de nosotros pero no soporta al injusto ni al que, desatendiendo sus palabras, le da la espalda para hacer las cosas como a ellos les place. Asegurémonos de caminar en rectitud, conforme a los caminos de Dios, los cuales son distintos a los nuestros. Asegurémonos de que nuestros pensamientos sean los pensamientos de Dios, los cuales son más altos que los nuestros.  Aseguremonos de que nuestro nuevo estilo de vida sea bueno, agradable y perfecto ante los ojos de nuestro Dios Padre.



 

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