Salmo 42:1 “Como el ciervo anhela las
corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía”.
Amos 8:11 “He aquí vienen
días, dice Jehová el Señor, en los cuales enviaré hambre a la tierra, no hambre
de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová”.
¡Cuántas personas, hoy, agradecen la salvación de
Jesús! Miles de creyentes derraman sus lágrimas en adoración a aquel que les
sacó de las tinieblas a su luz admirable. Cuantas personas conocieron de Jesús
en la plena tormenta de sus vidas y agradecen de corazón a Jesús el sentir
verdadera paz en sus vidas sanas, restauradas, renovadas y liberadas. Ese
sentimiento de protección, de seguridad y de experimentar la bendición todos los
días de sus vidas, ha generado en ellos un creciente anhelo y una extravagante
pasión y no religión, por renovar y mantener, constantemente, una estrecha relación con Dios.
Hablo de personas, cuyo estilo de vida ha dado un
giro de 180 grados desde el mismo instante que aceptaron vivir con Jesucristo
en sus corazones. Me refiero a matrimonios a punto de divorcios y ahora se aman
apasionadamente y tienen una familia exitosa;
me refiero a empresarios que depusieron sus magnas ideas que los llevaba
a la quiebra y a la ruina, para practicar la instrucción de Jesús ,y ahora
protagonizan la mayor prosperidad financiera de sus vidas; gente que se abrazó
a la maldad y hoy experimentan la misericordia de Dios; personas que estuvieron
al borde de la muerte y hoy respiran y caminan con alegría por las plazas de la
ciudad. Todos ellos experimentan hoy la recompensa de la fe; los beneficios de
creer en aquel que es fiel para cumplir las promesas y que guarda su pacto y su
misericordia hasta mil generaciones con aquellos que le aman y guardan sus
mandamientos.
También quiero referirme a aquellos, de los que
Jesús dijo: “bienaventurados los que no
vieron y creyeron” (Juan 20:29); aquellos que no les fue necesario
experimentar la amarga y desesperante tribulación para dejarse tocar por Dios;
aquellos que atendieron y obedecieron el llamado de Dios en sus vidas.
Estas personas que, sin ser presa de la
religiosidad, decidieron practicar a Jesús y, mejor aún, entienden que la única
manera de dar de gracia lo que recibieron de gracia, es estar cerca del Señor
todos los días de sus vidas. Su constante relación e intimidad con el Señor, es
producto de un anhelo ardiente o un deseo divino de beber las aguas del Rey de
Reyes; de un hambre asombroso de oír la palabra de Dios. Ellos se mantienen
unidos al la vid y por consiguiente dan frutos tanto en su vida individual como
en sus vida espiritual.
Hoy, cuando el mundo te niega el alimento natural
y los mismos están al punto de escasear; Dios te dice: …enviaré hambre a la tierra, no hambre de
pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra de Jehová. Una profecía de
Jesús es “Vivo yo, dice el Señor, que
ante mí toda rodilla se doblará, y toda lengua confesará a Dios” (Romanos
14:11). Por ello es necesario, más que el alimento natural y biológico, el
alimento espiritual. Este, último fortalece nuestro espíritu lo cual es más
importante que alimentar la carne.
El Señor está interesado en nuestra sanidad del
alma y en nuestra salud física:
“Amado,
ruego que seas prosperado en todo así como prospera tu alma, y que tengas buena
salud.”(3 Juan 1:2)
Oro, para que en
todos los que leen estas páginas nazca un inspirador deseo por leer y oír la
palabra de Dios, para que ansíen ser una vasija útil al Señor, para qué sean
llenos de su espíritu y despierte en ustedes la pasión, por vaciarse en las
vidas de aquellos que, teniendo la luz de Jesús tan cerca, prefieren vivir en
la oscuridad; que pueda su boca clamar y orar por cada alma perdida, y cumplir
con denuedo, seguridad y convicción el mandato de Jesús para formar discípulos
comprometidos con el Reino; Que vivan para Cristo y que como el ciervo anhela
las corrientes de agua, así suspire por Dios, vuestra alma”. Amén!
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