Templanza quiere decir simplemente moderación y mesura.Moderación, compostura. Del latín temperantia que significa hacer que algo modere su temperatura. Acción y efecto de medirse y no sobrepasarse al actuar. Mantenerse dentro de una medida. Control que tiene uno sobre si mismo. Cualidad de controlar sus propias emociones. Es un fruto del espiritu santo que controla nuestras pasiones y deseos.
Nada tiene de malo actuar con moderación. Gobernar sobre nuestras emociones antes de que ellas se señoreen de nosotros, eso es templanza.
Gálatas 5: 23 "mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley".
Que bueno cuando a tus conocimientos agregas control personal. Cuando no presumes de " sobrado" sino que dominas esas ganas de robarte el show y querer ser, por encima de todo, el protagonista de todo en cuanto participas.
Lo que yo conozco es más de bendición cuando lo comparto que cuando lo uso para vanagloriarme y presumir por encima de mi prójimo. La conducta de sobrado, nos resta valor y respeto de los demás hacia nosotros, una superioridad intelectual balanceada y equilibrada no me da permiso para abusar de aquellos que no tienen miisma capacidad.
2 Pedro 1:6 "y al conocimiento, templanza; y la templanza, paciencia; y la paciencia, piedad;"
Las emociones pueden ser vehículo de separación y conflicto, cuando a través de ellas abrimos puertas al enemigo o damos autoridad legal al enemigo para tentarnos.
1 Corintios 7: 5 "a No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos en el ayuno y la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra falta de dominio propio."
Debemos anhelar el espíritu de dominio propio. De nada sirven las bendiciones si no tenemos la capacidad de dominar los deseos de la carne. Las emociones no deben sabotear nuestro propósito, más bien deberían sujetarse al espíritu. Si queremos ser excelentes mayordomos debemos ejercitar dominio propio ó templanza.
2 Timoteo 1:7 "Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor, y de dominio propio."
En 2 Timoteo 3, Pablo enumera como es una persona sin templanza: ..Timoteo, es bueno que sepas que, en los últimos días, habrá tiempos muy difíciles. Pues la gente solo tendrá amor por sí misma y por su dinero. Serán fanfarrones y orgullosos, se burlarán de Dios, serán desobedientes a sus padres y malagradecidos. No considerarán nada sagrado. No amarán ni perdonarán; calumniarán a otros y no tendrán control propio. Serán crueles y odiarán lo que es bueno. Traicionarán a sus amigos, serán imprudentes, se llenarán de soberbia y amarán el placer en lugar de amar a Dios. Actuarán como religiosos pero rechazarán el único poder capaz de hacerlos obedientes a Dios. ¡Aléjate de esa clase de individuos!
(2 Timoteo 3:1-5 )
Una persona sin moderación no puede servir en el Reino. La Templanza viene por alimentar el espíritu de la palabra que sale de la boca de Dios. La palabra de Dios robustece el dominio propio, pero alimentar la carne nos hace vulnerables a perder el control de nuestras respuestas. El uso inadecuado de nuestro cuerpo es producto de una escasa alimentación espiritual. El problema no es manifestar mi emoción, el problema es cuando la emoción gobierna mi conducta y me hace pecar.
La palabra de Dios nos permite identificar aquellas actitudes que no se alinean al modelo de comportamiento que dejó y enseñó Jesucristo para luego no hacer caso a los deseos de la carne.
Romanos 13: 13-14 "Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, ni en lascivias
y libertinaje, ni en pleitos y envidia; sino vestíos del Señor Jesucristo, y no hagáis caso de los deseos de la carne."
Expresar nuestros desacuerdos con alguien, desde una conducta orientada desde el amor, es mejor que estar represando continuamente sentimientos de incomodidad, ya que al explotar este cúmulo de pensamientos y cosas, se hace difícil controlar y administrar nuestra lengua en lo que diga. Esta conducta es común en aquellos que viven separados del amor de Dios. Todo aquel que vive apegado a la vid y apegado en la palabra leída y predicada por Dios, difícilmente dará rienda suelta a sus sentimientos.
Jesucristo demostró en toda su vida ese temple, y esa determinación de mantenerse firme a pesar de los ataques, tentaciones y provocaciones del mundo. Su vida no estaba distraída en vanagloriarse y defenderse constantemente de un pueblo incrédulo y calumniador. No se gastaba para tratar de convencer a alguien de que lo que él hablaba venía de Dios. Su palabra penetraba eficazmente lo más profundo del corazón de aquellos que se exponian voluntariamente a causa, primero, de que Dios los había escogido para recibir lo que Jesús enseñaba. Jesucristo practicó la humildad, pero la templanza de tolerar y aguantar tanta incredulidad, pecado y vandalismo, fue lo que no permitió pedir, con toda razón, al Padre que destruyera la humanidad. Más bien Jesucristo, añadió a su templanza, mucha paciencia.
Agradece a Dios siempre, por su tolerancia y dominio propio, ante las injusticias de la humanidad. Pidamos, pues esa templanza de Cristo, para, en vez de condenar a la gente, le llevemos con la palabra de Dios en nuestra boca y nuestro testimonio de vida, a la salvación que hay, sólo en Cristo Jesús.
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