La hipocresía es la actitud constante o esporádica de fingir creencias, opiniones, virtudes, sentimientos, cualidades, o estándares
que no se tienen o no se siguen. La persona hipócrita finge cualidades o
sentimientos contrarios a los que verdaderamente tiene o experimenta.
La hipocresía en si es un tipo de mentira o pantalla de reputación.
La hipocresía puede venir del deseo de esconder de los demás motivos
reales, o sentimientos. La hipocresía no es simplemente la
inconsistencia entre aquello que se defiende y aquello que se hace.
Es decir, una persona hipócrita, es aquella que pretende que se vea
la grandeza y bondad que construye con apariencias sobre si misma,
propagándose como ejemplo y pretendiendo o pidiendo que se actúe de la
misma forma, además de que se glorifique su accionar, aunque sus fines y
logros están alejados a la realidad.
En muchos idiomas, un hipócrita es alguien que esconde sus intenciones y verdadera personalidad.
Jesucristo rechazó y denunció este tipo de actitud en Mateo 23:
"Jesús se dirigió entonces a la gente y a sus propios discípulos 2 y les dijo:
— Los maestros de la ley y los fariseos han sido los encargados de interpretar la ley de Moisés. 3 Obedecedlos, pues, y cumplid cuanto os digan; pero no imitéis su conducta, porque ellos mismos no hacen lo que enseñan: 4 echan
cargas pesadas e insoportables sobre los hombros de los demás, pero
ellos no están dispuestos a mover ni siquiera un dedo para llevarlas. 5 Todo lo hacen para que la gente los vea. Usan filacterias más anchas y flecos más largos que ningún otro; 6 les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes, sentarse en los lugares preferentes en las sinagogas, 7 ser saludados en público y que la gente los llame “maestros”. 8 Vosotros,
en cambio, no os hagáis llamar “maestro”; vuestro único maestro es
Cristo y todos vosotros sois hermanos unos de otros. 9 Ni tampoco llaméis a nadie “padre vuestro” en este mundo, porque vuestro único Padre es el del cielo. 10 Ni tampoco os hagáis llamar “maestros”, porque vuestro único maestro es Cristo. 11 El más grande entre vosotros será el que se ponga al servicio de los demás. 12 Al que se ensalce a sí mismo, Dios lo humillará; pero al que se humille a sí mismo, Dios lo ensalzará.
13 ¡Ay
de vosotros, maestros de la ley y fariseos hipócritas, que cerráis a la
gente la entrada en el reino de los cielos! Ni entráis vosotros ni
dejáis entrar a los que quieren entrar.
14 [¡Ay
de vosotros, maestros de la ley y fariseos hipócritas, que devoráis las
haciendas de las viudas y que, para disimular, pronunciáis largas
oraciones! Por eso vosotros recibiréis mayor castigo].
15 ¡Ay
de vosotros, maestros de la ley y fariseos hipócritas, que recorréis
tierra y mar en busca de un prosélito y, cuando lo habéis conseguido,
hacéis de él un modelo de maldad dos veces peor que vosotros mismos!
16 ¡Ay
de vosotros, guías de ciegos, que decís: “Jurar por el Templo no
compromete a nada. Lo que compromete es jurar por el oro del Templo”! 17 ¡Estúpidos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro o el Templo por el que el oro queda consagrado? 18 Y decís también: “Jurar por el altar no compromete a nada. Lo que compromete es jurar por la ofrenda que está sobre el altar”. 19 ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar por el que la ofrenda queda consagrada? 20 El que jura por el altar, jura también por todo lo que hay sobre él; 21 el que jura por el Templo, jura también por aquel que vive dentro de él. 22 Y el que jura por el cielo, jura también por el trono de Dios y por Dios mismo, que se sienta en ese trono.
23 ¡Ay
de vosotros, maestros de la ley y fariseos hipócritas, que ofrecéis a
Dios el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero no os preocupáis
de lo más importante de la ley, que es la justicia, la misericordia y
la fe! Esto último es lo que deberíais hacer, aunque sin dejar de
cumplir también lo otro. 24 ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!
25 ¡Ay
de vosotros, maestros de la ley y fariseos hipócritas, que limpiáis por
fuera la copa y el plato, mientras por dentro siguen sucios con el
producto de vuestra rapacidad y codicia! 26 ¡Fariseo ciego, limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera!
27 ¡Ay
de vosotros, maestros de la ley y fariseos hipócritas, que sois como
sepulcros blanqueados, hermosos por fuera, pero llenos por dentro de
huesos de muerto y podredumbre! 28 Así también vosotros: os hacéis pasar por justos delante de la gente, pero vuestro interior está lleno de hipocresía y maldad.
29 ¡Ay
de vosotros, maestros de la ley y fariseos hipócritas, que construís
los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos funerarios de
los justos 30 diciendo:
“Si nosotros hubiéramos vivido en los tiempos de nuestros antepasados,
no nos habríamos unido a ellos para derramar la sangre de los profetas”! 31 Pero con ello estáis demostrando, contra vosotros mismos, que sois descendientes de los que asesinaron a los profetas. 32 ¡Rematad, pues, vosotros la obra que comenzaron vuestros antepasados!
33 ¡Serpientes! ¡Hijos de víbora! ¿Cómo podréis escapar al castigo de la gehena? 34 Porque
mirad: yo voy a enviaros mensajeros, sabios y maestros de la ley; a
unos los mataréis y crucificaréis, a otros los azotaréis en vuestras
sinagogas y perseguiréis de ciudad en ciudad. 35 De
ese modo os haréis culpables de toda la sangre inocente derramada en
este mundo, desde la sangre del justo Abel hasta la de Zacarías, el hijo
de Baraquías, a quien asesinasteis entre el santuario y el altar. 36 ¡Os aseguro que todo esto le ocurrirá a la presente generación!"
Quien se vive engañando a si mismo, nunca sabrá quien es, ni para que vino al mundo. Su disfraz lo confunde. Crea su propio mundo de "felicidad" y su destino es la muerte a causa de la depresión causada por abrir los ojos ante el mundo real que le rodea.
La hipocresía no se puede esconder, aunque seas el actor más reconocido del Oscar de tu mundo virtual.
La doble cara, el pantalleo, la falta de humildad y el orgullo no pagan.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Cualquier aporte para mi mejor redacción, es aceptado.
Gracias por leerme! Dios te bendiga!